AUNQUE LAS COSAS DE LA POLÍTICA las trata incomparablemente mejor este maestro inesperado que diariamente nos sorprende gratamente a todos y que es mi antiguo y actual compañero Ricardo Peytaví, me aventuro, con resultado dudoso, a hacer un análisis muy particular de la reciente contienda electoral Bush Kerry, aunque sea "en diferido", que dicen en la Radio, y cuando ya se ha dicho todo, incluso con abundancia de disparates y elucubraciones para todos los gustos. Un servidor, cuando Bush ganó los comicios hace cuatro años con los chanchullos de Florida, le cogió antipatía al sujeto porque me pareció impresentable al lado del salido Clinton, quien reaccionó como todo ser humano normal del género masculino cuando se le puso a tiro la Lewinsky. Pero, andando el tiempo y como quiera que ninguno de los presidentes USA lo hace tan mal como nuestros gobernantes nacionales y locales, con raras excepciones, pues me empezó a caer bien. Sentí, como toda persona civilizada, el tremendo golpe de las Torres Gemelas y del Pentágono y me pareció muy digna y elogiable su reacción. Aunque lo de las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein fue una cabezonada y la guerra de Irak pudo haberse evitado, a ver quién le quita del meollo a Bush, después del 11-S, que no había gato terrorista encerrado en los dominios del repulsivo dictador. Además, puede decirse que todo el pueblo norteamericano apoyó a su presidente. Los del Partido Demócrata se equivocaron al creer que los electores iban a pasarle factura al candidato republicano por su evidente error. Y así, sin necesidad de la ayuda de un Rubalcaba yanki, para que hiciera las cochinadas políticas que hizo en España, ganó los comicios por goleada. Bush había logrado sobreponerse a la mayor acción terrorista de la Historia y reorganizar debidamente a una nación desmoralizada y, en parte, destrozada en lo material. Y eso se agradece.
Kerry me da pena. Aunque no es físicamente atractivo, parece buena persona y sus intenciones eran también buenas. Creo que lo engañaron. Analizados los programas electorales de Republicanos y Demócratas, apenas se diferencian. Persiguen los mismos fines, el progreso y la grandeza de su nación, a la que aman como antes los españoles amábamos a España. Porque los norteamericanos no son de derechas ni de izquierdas. Son, simplemente, inteligentes y patriotas.
En el abominable debate que emitió en la noche del miércoles TVE, desastrosamente dirigido, del que se salvó Piqué y un profesor de la UNED, uno de los contertulios aseguró que el Partido Demócrata se acercaba poco al centro derecha, y que el Republicano era de extrema derecha. No escuché a Moratinos a quien esperaban cuando tuve que ausentarme, pero lo he oído antes y está el hombre ofreciéndole amor eterno a Bush. Y es que no sabe cómo arreglar el enorme desaguisado que ha armado Rodríguez Zapatero, al que Bush casi le retira la mano cuando se la atendió ZP en una reciente reunión. El hombre del talante, que este año, para jeringarla más no invitó a desfilar en el Día de la Fiesta Nacional a los soldados del Ejército de EE.UU., no va a ser borrado fácilmente de la lista negra de Bush. El presidente puede perdonar algún desplante, la cobarde retirada española de Irak y las declaraciones de Zapatero contra su persona y su política, pero jamás olvidará el que considera ultraje a la bandera de los Estados Unidos, cuando se quedó sentado en el desfile de 2003 al pasar la enseña norteamericana.
Eso, que aquí consideramos una pequeñez, no lo perdona jamás un estadounidense.
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