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DOMINGO, 7 DE NOVIEMBRE DE 2004

Tagaste, santa cuna

En la ciudad natal de San Agustín figura un mosaico con su imagen donado por la Diócesis Nivariense y que será el origen de un lugar de peregrinación con residencia, sala de oración y centro de estudios.

SERGIO LOJENDIO, Tenerife

Un mosaico con la imagen de San Agustín, elaborado en la Escuela de Cartago y donado por la Diócesis Nivariense al Ayuntamiento de Tagaste, lugar natal del santo, es el símbolo que preside la fa-chada de un pequeño mausoleo, mezcla de estilo francés y arabizante, que conmemora la figura de uno de los hijos ilustres de esta ciudad, llamada Souk-Ahras, entonces situada en la Numidia y hoy en territorio argelino.

En su interior, de reducidas dimensiones, se encuentran unas lápidas de mármol donde aparecen inscritos los nombres de aquellas personas que mantuvieron una relación directa con el santo y, a pocos pasos, el olivo milenario que, según la tradición, plantó Agustín a la muerte de su padre, Patricio, y al que unos estudios de datación conceden una antigüedad cercana a los 1.500 años.

En el acto oficial celebrado en el Ayuntamiento de Souk-Ahras, el alcalde, Hakim Rabah, elogió la figura de San Agustín, de quien dijo fue "filósofo, escritor y un hombre de acción", además de un "orgullo para la ciudad".

Por su parte, el vicario ecónomo de la Diócesis Nivariense, Julián de Armas, señaló: "Hemos peregrinado desde Canarias para venerar la huella de San Agustín y encontrarnos con sus hermanos, y con la alegría de haber llegado hasta aquí, les saludamos y les damos el abrazo de la amistad".

En su discurso, Julián de Armas también pidió que "esta imagen, situada frente al milenario olivo que plantó San Agustín, nos hermane en la búsqueda de la verdad y conceda el bien a todos los pueblos de la tierra", al tiempo que brindó a las autoridades de Tagaste la invitación a visitar Tenerife, he-cho que se producirá en diciembre.

El objetivo de la municipalidad argelina es crear en este lugar un conjunto, en el que se instalaría una residencia, una sala de oración y también un centro de estudios agustinianos, que sirva de referencia a los peregrinos.

Infancia y madurez

Hasta los once años permaneció Agustín en su ciudad natal, Tagaste, donde asistió a la escuela del pueblo. El escaso interés que demostraba por los estudios y el temor al castigo se entrelazan con su forma de ser alegre. En estos años todos lo consideraban un niño revoltoso y travieso.

Una vez finalizados sus estudios primarios, Agustín fue a completar sus enseñanzas, lo que llamaríamos bachillerato, a la cercana ciudad de Madaura, lugar de un mayor nivel cultural, y al cumplir los 16 años regresó a Tagaste, donde pasó un año en el domicilio familiar con el fin de que su padre, Patricio, consiguiera ahorros para sufragar sus estudios.

Fue un año de absoluta inactividad que Agustín describe así: "Cobraron vigor y medraron por encima de mi cabeza las zarzas de las pasiones. Y no había una mano que las arrancara de raíz".

Con la ayuda económica del rico Volusiano, patrocinador de sus estudios, Agustín llegó a Cartago en el 370, a la edad de dieciséis años, para estudiar Retórica. Allí consiguió una amante, la madre de su hijo Adeodato -regalo de Dios- y con 19 años, leyendo a Cicerón, descubrió su vocación filosófica.

Durante su estancia en Cartago abrazó el maniqueísmo, aunque sólo en calidad de oyente, y en torno al 374 volvió a Tagaste, donde abrió una escuela de Gramática, pero pronto retornaría a Cartago para enseñar Retórica, hasta que decidió irse a Roma para continuar su labor como docente, y de ahí se dirigió en el 384 hasta Milán, entonces residencia imperial y la ciudad del obispo Ambrosio, que con la predicación de sus sermones influyó de tal manera en Agustín que allí acabaría su profesorado, renunciaría a su brillante carrera política y abrazaría la verdad de Dios.

 

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