SERGIO LOJENDIO,
Tenerife
Un mosaico con la imagen de San Agustín, elaborado en la
Escuela de Cartago y donado por la Diócesis Nivariense al Ayuntamiento de
Tagaste, lugar natal del santo, es el símbolo que preside la fa-chada de un
pequeño mausoleo, mezcla de estilo francés y arabizante, que conmemora la figura
de uno de los hijos ilustres de esta ciudad, llamada Souk-Ahras, entonces
situada en la Numidia y hoy en territorio argelino.
En su interior, de reducidas dimensiones, se encuentran
unas lápidas de mármol donde aparecen inscritos los nombres de aquellas personas
que mantuvieron una relación directa con el santo y, a pocos pasos, el olivo
milenario que, según la tradición, plantó Agustín a la muerte de su padre,
Patricio, y al que unos estudios de datación conceden una antigüedad cercana a
los 1.500 años.
En el acto oficial celebrado en el Ayuntamiento de
Souk-Ahras, el alcalde, Hakim Rabah, elogió la figura de San Agustín, de quien
dijo fue "filósofo, escritor y un hombre de acción", además de un "orgullo para
la ciudad".
Por su parte, el vicario ecónomo de la Diócesis
Nivariense, Julián de Armas, señaló: "Hemos peregrinado desde Canarias para
venerar la huella de San Agustín y encontrarnos con sus hermanos, y con la
alegría de haber llegado hasta aquí, les saludamos y les damos el abrazo de la
amistad".
En su discurso, Julián de Armas también pidió que "esta
imagen, situada frente al milenario olivo que plantó San Agustín, nos hermane en
la búsqueda de la verdad y conceda el bien a todos los pueblos de la tierra", al
tiempo que brindó a las autoridades de Tagaste la invitación a visitar Tenerife,
he-cho que se producirá en diciembre.
El objetivo de la municipalidad argelina es crear en
este lugar un conjunto, en el que se instalaría una residencia, una sala de
oración y también un centro de estudios agustinianos, que sirva de referencia a
los peregrinos.
Infancia y madurez
Hasta los once años permaneció Agustín en su ciudad
natal, Tagaste, donde asistió a la escuela del pueblo. El escaso interés que
demostraba por los estudios y el temor al castigo se entrelazan con su forma de
ser alegre. En estos años todos lo consideraban un niño revoltoso y
travieso.
Una vez finalizados sus estudios primarios, Agustín fue
a completar sus enseñanzas, lo que llamaríamos bachillerato, a la cercana ciudad
de Madaura, lugar de un mayor nivel cultural, y al cumplir los 16 años regresó a
Tagaste, donde pasó un año en el domicilio familiar con el fin de que su padre,
Patricio, consiguiera ahorros para sufragar sus estudios.
Fue un año de absoluta inactividad que Agustín describe
así: "Cobraron vigor y medraron por encima de mi cabeza las zarzas de las
pasiones. Y no había una mano que las arrancara de raíz".
Con la ayuda económica del rico Volusiano, patrocinador
de sus estudios, Agustín llegó a Cartago en el 370, a la edad de dieciséis años,
para estudiar Retórica. Allí consiguió una amante, la madre de su hijo Adeodato
-regalo de Dios- y con 19 años, leyendo a Cicerón, descubrió su vocación
filosófica.
Durante su estancia en Cartago abrazó el maniqueísmo,
aunque sólo en calidad de oyente, y en torno al 374 volvió a Tagaste, donde
abrió una escuela de Gramática, pero pronto retornaría a Cartago para enseñar
Retórica, hasta que decidió irse a Roma para continuar su labor como docente, y
de ahí se dirigió en el 384 hasta Milán, entonces residencia imperial y la
ciudad del obispo Ambrosio, que con la predicación de sus sermones influyó de
tal manera en Agustín que allí acabaría su profesorado, renunciaría a su
brillante carrera política y abrazaría la verdad de Dios.