La Laguna
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DE LAGUNERO A LAGUNERO MANUEL HERNÁNDEZ SIGUT

En repuesta al Dr. D. Enrique González


20/oct/04 14:47
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DECÍA, AL PRINCIPIO, que he llegado tarde a conocerte, porque fue después del regreso a Tenerife, en 1998, cuando se produjo nuestro encuentro, a pesar de que, de jóvenes, recordábamos a D. Enrique, su fama de gran médico y las colas para entrar en su consultorio.

Si mal no recuerdo, el primer día que nos vimos, asistiendo en el Teatro Guimerá a un espectáculo de ballet ruso, terminamos, a la salida, contando chistes y recordando anécdotas laguneras, pasando lista a personajes que ambos habíamos conocido en nuestras respectivas épocas de más juventud que ahora, distanciadas sólo unos pocos años.

Y desde entonces, a tu lado, junto a tus amigos, -entre los que destaco a Carlos Pinto Grote, por su especial personalidad, prosa, verso, verbo y memoria-, he tenido oportunidad de disfrutar del recuerdo de un tiempo pasado, tan distinto a esta convulsa y disparatada época que nos toca vivir.

Qué deleite para un lagunero, las cartas que Carlos y tú os escribisteis un tiempo en el periódico, sobre vuestras vivencias en La Laguna. Reflejabais una época que, en parte, me tocó vivir y era muy agradable leer sobre situaciones, acontecimientos y personajes, tan bien guardados en nuestro particular baúl de los recuerdos.

He de decirte que comparto la amargura que reflejas en tu escrito, sobre los cambios que ha experimentado La Laguna, pues no en vano la sufríamos, cada vez que llegábamos de viaje, a lo largo de nuestros veintisiete años fuera.

Recuerdo especialmente el impacto, -creo que puede llamarse shock-, que nos produjo, por ejemplo, la Plaza del Cristo, en sus variadas versiones de transformación, pero, sobre todo la última, que le ha proporcionado esa imagen tan esperpéntica que ahora tiene.

Parece como si cada equipo político de turno tuviese que dejar un sello, que obligue a los ciudadanos a recordarles en el tiempo.

Cosas como éstas me animan a no creer en muchos de los políticos y a dar por cierta mi opinión de que la política no es cosa buena, pues fíjate, Enrique, lo bonita que es la palabra "madre" y con sólo añadirle "política", se convierte en "suegra".

Que nadie me malinterprete, pues si bien hay suegras que ejercen de tales, la mayoría son más bien madres por partida doble, aunque el término se use, a veces, en sentido peyorativo.

En cuanto a los políticos, a veces parece que en lugar de tener un diario quehacer, tienen un constante deshacer, pues se pasan su etapa de poder cambiando lo anterior. Casi podría asegurarse que si la Penélope de Ulises hubiese subido a los altares, sería nombrada su Patrona.

Bueno, Enrique, toca despedirse, naturalmente con un "hasta luego, lagunero". Que sigas con tu buena pluma, excelente memoria y ese gran sentido del humor y de la amistad, que tan generosamente compartes con tus amigos y admiradores.

Afectuosamente, Manolo.

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