Hace un año, el presidente Bush gastó dos tercios de su mensaje a la Asamblea General de la ONU en una defensa de su política en Irak y contra el terrorismo, pero ayer había previsto cambiar las prioridades y el tono fue otro y, por tanto, otro el vocabulario: el presidente cree que para ser más seguro, el mundo debería ser también más justo.
La agenda del presidente excluyó a los dirigentes europeos más hostiles a la guerra en Irak (cuando hace un año un rato de conversación y una foto con el canciller Schroeder habían servido para decir que se había producido la reconciliación entre las partes) y si incluyó a Kofi Annan, el secretario general que dijo la semana repitió que la guerra fue ilegal, fue porque es el anfitrión y es inevitable verle
En realidad casi todo el mundo parece interesado en no convertir la 59 Asamblea General en una sesión monotemática sobre Irak, y eso vale hasta para Annan, quien desea aprovechar el período de sesiones para hablar de desarrollo, sida, paz y cooperación internacional.
El presidente se unió a este tácito consenso y su alocución estaba destinada a alabar la difusión de la democracia, la educación en libertad y, en el fondo, a mejorar la aceptabilidad de los Estados Unidos en el mundo, que bate récords negativos (sondeo Pew Internacional).
Esta inteligente disposición presidencial es, además, útil en términos de campaña electoral. Un Bush que no se permitiría llamar ahora la ONU irrelevante y paralizada porque no se pliega a lo que Washington exige, hace una discreta apertura hacia un multilateralismo mitigado y piensa en ese momento en John Kerry quien, finalmente, ha resuelto que Irak es el tema de los temas y no -una vez no son veces- la economía.
El candidato lanzó precisamente en Nueva York el domingo su más fuerte ataque político contra Bush a cuenta de la guerra y su gestión.
El aspirante demócrata, claro está, no puede hablar en las Naciones Unidas. Si lo hiciera podría profundizar en el tema que ahora le subyuga: contra el lema oficial de que el mundo es más seguro tras la guerra, él cree que la lucha contra el terrorismo ha empeorado.
Y hasta podría decir que el presidente es el mejor sargento reclutador de Al Qaeda irónica fórmula utilizada nada menos que por el embajador británico en Roma, sir Ivo Roberts, y que ha trascendido en medio de un considerable escándalo.
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