La CIA y la Casa Blanca no tienen la misma percepción sobre la evolución en Irak: Bush sostiene que hay progresos sobre el terreno y sus servicios secretos que, a finales del año próximo, en el mejor de los casos habrá una situación débil en política, economía y seguridad y, en el peor, una guerra civil
El "New York Times" difundió ayer los comentarios de altos funcionarios que han leído el documento y que rehusan ser identificados porque el papel está clasificado como altamente secreto. Tiene 50 páginas y fue firmado en julio, según es habitual, por el director de la CIA, John McLaughlin, en nombre del conjunto de los distintos servicios de lo que se llama generalmente comunidad de inteligencia.
El lector debe saber que, como explicó en su día George Tenet, quien dimitió como director de la CIA el 1 de julio pasado, un "estimate" es el documento de más alto rango burocrático emanado de los servicios de espionaje, reúne la valoración política final sobre un proceso en concreto y es, por su propia relevancia, infrecuente. De hecho, no se había elevado al presidente un "estimate" acerca de Irak desde octubre de 2002.
En puridad, no hay sorpresa alguna. Nadie en su sano juicio diría hoy que la invasión cumple más o menos con sus objetivos, suscita adhesión internacional o mejora la lucha contra el terrorismo.
Hay que ponderar, además, que el documento fue redactado en julio, cuando la situación en relación con la violencia era mucho mejor: el mes de abril en Faluya estaba olvidado y no había estallado la segunda revuelta chií en Nayaf.
Sin exagerar se puede creer que la valoración sería hoy un poco más pesimista: los soldados norteamericanos muertos, que pasaron del millar el día 7 de este mes son ahora 1020 (sin contar las bajas de las fuerzas especiales en acciones clandestinas), se considera abiertamente la posibilidad de aplazar las elecciones de enero y dos ciudadanos norteamericanos fueron secuestrados ayer.
El proceso político-militar en su conjunto no ha podido erosionar del todo al candidato Bush, quien ahora depende un poco de la suerte de los secuestrados. Nadie sabe qué sucederá si son asesinados: ¿cierre de filas favorable al presidente o reflexión crítica pro-Kerry?
Por citar un precedente, los medios australianos tendían a creer hace unos días -cuando se anunció el pseudosecuestro de dos de los suyos- que su muerte perjudicaría al primer ministro Howard, fiel aliado de Bush en Irak.
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