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MIGUEL HERNÁNDEZ

Terapéutica antidepresiva


8/sep/04 20:31
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LA DEPRESIÓN PSÍQUICA es un estado de decaimiento del ánimo y la voluntad. Un trastorno del sistema nervioso que, por causas no siempre conocidas, ataca a muchas personas sumiéndolas en un deplorable estado de tristeza y postración del que sólo puede salirse poniendo mucha voluntad o, en los casos más serios, con la ayuda del médico y del psicólogo.

Cada día es más frecuente esta patología en una sociedad como la nuestra, fuertemente tributaria de las nuevas tecnologías y con un creciente índice de complicaciones derivadas de las necesidades innecesarias que nos crea el constante acoso y derribo a que nos somete la insumergible publicidad.

Las reacciones de un deprimido son siempre una incógnita y nunca se sabe hasta dónde pueden llegar. Si el trauma es leve, bastan a veces las distracciones, viajes o entretenimientos para restablecer la normalidad acabando con ese molesto estado de injustificada tristeza, del que pocos se habrán visto libres en algún momento de su vida.

Y al hilo de estas reflexiones viene a mi memoria algo que al respecto me contaron hace ya algún tiempo: Eran dos buenos amigos, íntimos desde solteros y luego, una vez casados. Ambas parejas conservaron su buena amistad, se visitaban, salían juntas y compartían alegrías y tristezas.

Pero un mal día, la dichosa depresión se coló de rondón en el espíritu siempre alegre y espontáneo de uno de ellos, dejándolo triste, pensativo y ensimismado. Perdió las ganas de comer, y apenas salía, pese a los amorosos consejos de su mujer, que procuraba animarlo constantemente. Una tarde, se decidió a dar un paseo, sólo, y en él se encontró con su viejo amigo, al que le contó, con pelos y señales, el calvario que venía arrastrando con la dichosa depresión.

El amigo trató de animarlo, diciéndole que él conocía bien el "tema" por haberlo padecido en varias ocasiones, la última vez -le dijo- "tuve una de caballo y me la curó mi mujer solita, sin medicinas de ninguna clase, sólo con sus artes erótico-amorosas, ardientes y bien dosificadas. Aquellas sesiones fueron mano de santo. La depresión se fue al carajo sin necesidad de pontingues. Así, mi querido amigo, que ya sabes lo que tienes que hacer, anímate y sigue mi ejemplo".

El hombre, que había escuchado todo el relato con la máxima atención, se vuelve hacia el amigo y como quien hace un favor, le contesta: "Bueno, te voy a aceptar el consejo. Llama a tu mujer y dile que ya voy para allá".

Unos dicen que el trompazo de su amigo le quitó al mismo tiempo la depresión y una muela que tenía picada. Otros afirman que su compañero lo tomó con humor, sin sentirse ofendido.

La verdad es que nunca supe con certeza como acabó aquello.

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