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ELSA HERNÁNDEZ BAUTE

Sendero Siete Cañadas del Teide (2)


8/sep/04 19:01
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LA CAÑADA DE LAS PILAS, entrando a ella, nos habíamos quedados en el capítulo anterior. Sigamos caminando de nuevo, no sin antes reparar nuestras fuerzas con un ligero tentempié. Con una dirección totalmente sur nos adentramos en la gran cañada de Las Pilas, para observar desde aquí el contrafuerte rocoso que desciende desde La Mesa del Obispo.

Casi al final de esta cañada, la pista sube ligeramente y bordea los grandes bloques de piedra, los cuales separan esta cañada de su vecina, La Angostura. Esta cañada se cierra con las paredes del volcán de La Angostura, presumiendo de una majísima curiosidad; está formada por bloques redondeados del tamaño de un balón, y nadie diría que es por gracia de la Naturaleza, puesto que su colocación es tan perfecta que todos pensaríamos que se trata del más puro trabajo artesanal.

A medida que subimos crece nuestro asombro, no sólo por las formaciones y color de la montaña, sino por las paredes rojizas con líquenes amarillos y piedras retorcidas en un extraordinario caos de rocas y canales que dan forma a esta ladera de La Angostura.

La pista se eleva hasta los 2.100 m.; y dejando en el camino esta cañada topamos con la inmensa de La Grieta. Esta debe su nombre a una impresionante pared de más de 300 m., de altura: El Topo de La Grieta, en cuyo frente apreciamos una grieta gigante que taladra la pared en toda su verticalidad. Cerca de este sendero aparece la fuente de La Grieta -muy escasa de agua- y mirando a la parte alta de la pared rocosa descubrimos una zona lisa muy agujereada, a la que llaman El Palomar.

El camino comienza a tomar altura saliendo de la cañada entre antiguas ruinas de cabañas y cementerios de tajinaste. Aquí nos parece volver a escuchar el espíritu del demonio del Teide, Guayota, al que un día -según la leyenda- condenara Achamay a vivir en las entrañas del volcán; aún resuena en nuestro tímpano sus escandalosas risotadas, "ja, ja, ja, veremos si podéis aguantar lo que vais a ver".

Deja de subir el sendero y ya estamos en la cañada del Montón de Trigo, la quinta de las siete. Pedro nos comenta que cada una de estas inmensas planicies, eran utilizadas por los habitantes de la isla como vía de comunicación y pastoreo.

Desde aquí podemos contemplar la enorme mole de la Montaña de Guajara (2.715 m), con su Degollada de Guajara, y seguidamente la de Pasajirón. Hemos llegado a Los Campanarios, otros sorprendentes bloques de piedra de forma cilíndrica y vertical, de los que toman el nombre. Estos bloques parece que se han desprendido por la gelifracción -rotura por el hielo-. Un gran montón de arena clara aparece en medio de esta cañada, plagiando sin lugar a dudas a un gran montón de trigo en la era y por el cual le viene el nombre.

Avanzando ya en ligero ascenso, nos indican dos grandes montones de piedras que por allí pasa el sendero número 5 que sube a la cumbre de Guajara, pasando por la degollada, de la que se desprende otra preciosa leyenda. Aquí nos salen al pasos una espectaculares rocas llamadas el Roque del Agua, que, bordeándolas, subiremos a la cañada de La Mareta.

A lo largo y ancho de todo el trayecto nos hemos percatado de que unos vigilantes han escudriñado nuestros pasos, arañas patudas y amarillentas -son arañas tigresas-, nos explica Pedro, nuestro experto guía. Estas arañas, dice, no pueden vivir en pareja, puesto que la hembra vive en lo alto, reina y señora, alimentándose de lo que pilla en el aire, mientras que la araña macho tiene su hábitat en el suelo y aprovecha lo que este le depara. El porqué de este ¿divorcio? Pues porque la hembra lo asesinaría nada más verle. No puede subir a cortejarla porque sabe que encontraría la muerte, por eso éste tiene una estrategia muy particular, digna de la mente más lúcida, para dejar la procreación asegurada; con los bichejos que encuentra en la tierra hace un paquete muy bien liado con sus fuertes telas (telarañas) y, cual si se tratara de una rica caja de bombones para su amada, sube de un salto, le entrega el presente y mientras la tigresa lo desenvuelve... ¡zas! Se aparea y sale corriendo como alma que lleva el diablo. Estas curiosidades son las que a mí me chiflan. Con todo esto recalamos en la cañada de La Mareta. El espejo del Teide.

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