LO PRIMERO que hay que salvaguardar es el derecho que tiene Fagiani, como cualquiera, a decir lo que piensa Eso sí, como miembro de un colectivo como el Tenerife, cualquier jugador debe entender que su libertad empieza donde termina el bien común. Con sus declaraciones, Daniel Fagiani ha pisado un charco que salpicará a su club.
Ni siquiera me atrevo a discutirle su opinión. No soy quien. Discrepo, pero lo respeto. Ahora bien, la inconveniencia de sus declaraciones es indiscutible. El fútbol se mueve sobre un tejido invisible, que es hay que conocer. Sobre todo, en el mundillo de los árbitros. No se trata de que se abra una caza y captura de Fagiani por parte de los árbitros a partir de ahora, pero es evidente y se puede demostrar que hay corrientes de simpatía, cuyos efectos terminan por notarse sobre el terreno de juego.
De cualquier forma, con independencia de lo que pase en adelante, no había ninguna necesidad de arriesgar la relación del equipo ni de ningún jugador con el colectivo de jueces de la competición y este criterio no afecta para nada al contenido de las declaraciones del futbolista, sino a su nula oportunidad. Da la sensación de que todo esto es una prolongación del disgusto por el penalty del sábado. Si es así, hemos perdido un tiempo precioso para hacer un análisis de conciencia de los errores que cometió el equipo, que es lo único que se puede mejorar. Hasta ese penalty, el Tenerife estaba creciendo. Desde ese momento, todo ha sido confusión. Hemos manejado mal una simple jugada.
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