LA ÚLTIMA DICTADURA EN VENEZUELA, encabezada por el general Marcos Perez Jiménez, terminó en 1958, cuando fue depuesto por un levantamiento popular. Después de un breve gobierno de transición se inició una etapa democrática de casi 40 años, representada en sus inicios por el partido Acción Democrática, cuyo líder fue don Rómulo Betancourt, de padre tinerfeño y madre venezolana; posteriormente, y como líder del partido socialdemócrata COPEI, tuvimos otro presidente con raíces de La Palma, el Dr. Rafael Caldera. Estos dos partidos se alternaron en el poder, pero en los últimos quinquenios de la democracia, con presidentes como Rafael Caldera, Carlos Andrés Perez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, dieron paso a una deuda externa que sobrepasó los 30.000 millones de dólares, una corrupción desmedida, y un empobrecimiento progresivo que alcanzó al ochenta por ciento de la población. De esta forma, la democracia corrupta se convirtió en una "dictadura de hecho" para esta población al no ofrecerle oportunidades de trabajo, educación y, últimamente, ni siquiera el ingreso per cápita mínimo para cubrir sus necesidades vitales, constituyéndose la pobreza crítica.
La clase media venezolana, que ha luchado y ha escapado a la pobreza, la constituye, igual que en cualquier otro otro país, aquella parte de la población integrada por individuos con una actitud propia de superación, de lucha, de constancia en el trabajo, creativa, etc; esta actitud particular inherente a cada individuo fue aplanada, eliminada, en el contexto filosófico que soporta la base teórica de la doctrina comunista, a lo cual, en parte, se ha responsabilizado la falta de progreso de los países en los cuales se instauró. Parte de esta clase media cuyo trabajo se relacionaba de una u otra forma con el Gobierno se ha visto obligada a participar en una oscura dinámica, la cual prefiero dejar como tácita; es decir, o lo tomas o lo dejas, o estás dentro o fuera. No es una clase media que se ha mantenido y ha evolucionado fundamentada en programas de gobierno sólidos, dirigidos. En este grupo se ubican, en su mayoría, los inmigrantes que llegaron a Venezuela en las dos décadas posteriores a la Guerra Civil española y a la Segunda Guerra Mundial, y que han trabajado arduamente para superar la precaria situación económica que tenían al llegar a este país.
Un escaso sector de la población, que posiblemente no alcance el dos por ciento de la misma, representada por industriales, políticos, importantes empresarios relacionados con el Gobierno, algunos herederos de la generación oligárquica criolla, etc., es responsable de que la inmensa riqueza que genera el país no alcance a la masa de población empobrecida.
Esta clase pobre, cuya actitud escapa de la mencionada para la clase media, ha carecido de una dirección sólida, de programas que le permitieran evolucionar y participar de la distribución del ingreso petrolero; con una educación precaria, en la cual la posibilidad de alcanzar un nivel técnico o universitario sigue estando en la mente de los que pueden soñar; un empleo, el que lo tiene, ubicado en el rango de los explotados. Los gobiernos democráticos no asumieron un compromiso real en la dirección de las masas, en su contexto global.
Uno de los productos indeseables de la pobreza, la delincuencia, creció en forma paralela a todo este proceso de decadencia, llegando al punto de perderse la garantía de la vida de cualquier ciudadano, lo cual los últimos gobiernos no pudieron corregir. Se inicia así un movimiento migratorio hacia los Estados Unidos, España, Portugal, Italia y otros países; se pierde parte del recurso humano más cualificado,como parte del proceso de crisis social.
El teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías emerge como una solución para el pueblo, que, cansado de un proceso democrático corrupto de cuatro décadas, ve en él al posible líder de un Gobierno de mano dura, tanto para los delincuentes de cuello blanco como para el hampa común, y capaz de iniciar un proceso político y económico de recuperación. Lamentablemente, la gente desconocía que Hugo Chávez encausaría su gobierno hacia una dictadura de izquierda radical con el modelo cubano-castrista. Para colmo, la corrupción ha empeorado, la delincuencia sigue campeando a su libre albedrío, el valor de la moneda se ha esfumado en un proceso inflacionario que no ha logrado detener, ha aumentado el desempleo y el "chorro" de dólares que ha ingresado al país en los últimos años, producto de la renta petrolera, tiene un destino incierto.
Hugo Chávez, quien esgrime el nombre de Simón Bolívar para su revolución, ha dividido a la población, ha generado odio y rechazo de la clase popular hacia el sector medio, ni que decir hacia la cúpula del poder económico. Una actitud muy alejada de la "unión" que proclamaba Bolívar; si la propia Venezuela no muestra la solidez de un pueblo unido, pretender esto en Latinoamérica parece una utopía.
Los representantes de la oposición, quienes en su mayoría formaron parte de los gobiernos demócratas anteriormente cuestionados, pretenden el apoyo de la población para sacar a Hugo Chávez del poder; pretenden el apoyo de la población, a pesar de la nube gris que los envuelve. Están "como caimán en boca de caño", dicho venezolano que significa la expectativa de coger el bocado o echarle mano a algo que uno desea. Otro sector de la oposición, representada por una nueva juventud demócrata, impulsa este proceso con más credibilidad. Quieren que votemos por la esperanza, por la democracia; esa democracia culpable, sentada hoy en el banquillo de los acusados. Pretenden que le demos la oportunidad de redimirse, de purificarse, de que emerja con nuevas y renovadas fuerzas, a dirigir a un pueblo que ahora la estaría vigilando porque sabe que es frágil, que es débil, para que no desvíe nuevamente su rumbo.
Los seguidores de Hugo Chávez, seguramente tienen la esperanza, que con un gobierno de izquierda, con el potencial económico de Venezuela, con Simón Bolívar en el horizonte, con la nueva Constitución, con el interés de Estados Unidos y otros países desarrollados por el petroleo, estarán muy lejos del bloqueo comercial que han sufrido los cubanos y que, finalmente, el país evolucionará hacia el bienestar social que todos esperan. Pero hasta ahora, la dirección que lleva el Gobierno de Hugo Chavez, también está envuelto en una nube gris, impredecible?.
Los procesos revolucionarios, por su propia condición, que conlleva cambios profundos, no suelen dar oportunidades para volver atrás, pues significaría el fracaso de la Revolución, lo cual venderían muy caro; por eso, este Referéndum Revocatorio encierra una paradoja política que ensombrece la veracidad y honestidad del mismo.
El pueblo venezolano, ante esta situación, se ha polarizado; un sector representado por la clase media alta y cierto apoyo de soñadores del bajo estrato, escogerá la democracia, con la esperanza de un mañana mejor; otro sector, representado en su mayoría por la masa popular, ahora con un gobierno que les reitera día a día su relación de identificación, y posiblemente entendiendo que, en todo caso, no podría estar peor que antes, que no tiene nada que perder, le seguirá dando su apoyo a Chávez. En el Referéndum Revocatorio al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, que se celebrará el próximo domingo, un sector votará por el SÍ, para que Hugo Chávez abandone la silla presidencial, y otro sector votará por el NO, para que se quede.
¡Venezuela!, cantan los hermanos Primera, Servando y Florentino, "tienes nombre de mujer y hay que amarte". Pues es inmenso el maltrato que recibe, con su nombre de mujer.
Yo diré que SÍ, tú dirás que NO. Gane quien gane en este revocatorio, a nuestra querida Venezuela le esperan unos años de arduo trabajo, de recuperación; y un día a futuro, lo cual deseo que no sea muy lejano, las nubes que ahora lo ensombrecen todo darán paso a un soleado amanecer.
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