ME ENTERO, por unas declaraciones del doctor don Cristino Suárez a este periódico, sobre el tema de las operaciones de cirugía estética, que aquí en Tenerife, existe un "Defensor del Paciente", cuyas atribuciones ignoro pero me figuro que será como un "Defensor del Pueblo" o un "Diputado del Común" pero exclusivamente dedicado a la defensa de los enfermos que presenten alguna denuncia sobre supuestos malos tratamientos de los galenos de los hospitales o de cualquier establecimiento sanitario público o privado. Si esa es realmente su misión, me imagino que a las puertas de la institución las colas serán tan grandes como las listas de espera y todos, incluidos los que figuran en estas listas vendrán a denunciar a la Consejería de Sanidad, con sus gerifaltes, doña María del Mar Julios y don Rafael Díaz a la cabeza. Vendrán a quejarse, por ejemplo, del tremendo follón formado por doña María del Mar Julios y doña Felicitas Díaz-Flores con la sangre de los donantes y la centralización de las pruebas en Las Palmas; de la falta de anestesistas en los quirófanos, del crecimiento sin freno de las listas de espera y, por supuesto, aunque en menor cantidad, según el doctor Suárez, de los estropicios que los supuestos especialistas en cirugía plástica les han hecho en el cuerpo. Porque lo que concretamente quiere poner de relieve don Cristino Suárez, que es el presidente de la Sociedad Canaria de Cirugía Estética y Reparadora, es que los que se han sometido a una operación de arreglo de la nariz, de perfeccionamiento de las domingas, o sea el tetamen, del estiramiento de la piel o de la supresión de grasa para rebajar la barriga, cuando le hacen una chapuza y dejan a los individuos e individuas, que dicen los socialistas, convertidos en un Pinocho o en un Jorobado de Nuestra Señora de París, en casos extremos, ésos no se atreven a presentarse al Defensor del Paciente, sobre todo si fueron intervenidos por quienes no son especialistas titulados, porque les da vergüenza de haber sido engañados y porque temen que, caso de que haya juzgado por medio, se les acuse de haber colaborado con el chapucero en cuestión.
Es evidente que lo que quiere el doctor Suárez hacer llegar a la gente es que no se pongan en manos de cualquiera. Debe tenerse en cuenta -dice don Cristino- que estas intervenciones suponen un riesgo y añade que, "incluso cuando se cumplen todos los requisitos, el riesgo nunca es cero". Hace años, los únicos intrusos en estos tejemanejes médicos, aparte de los curanderos, que eran intrusos de medicina general, fueron los barberos, que suplantaban a los dentistas y a lo único que podían llegar era a equivocarse de muela y los "arregladores de huesos" que sustituían a los traumatólogos, y a veces tenían un jeito para poner las canillas en su sitio que ni el mejor manitas de la traumatología. Pero parece que, ante la demanda de féminas y de algún que otro coqueto, han irrumpido en la cirugía estética intrusos como escombros. Claro que a los pacientes y pacientas les atraerán los precios que, naturalmente serán más bajos entre los intrusos. Porque pagar 4.600 euros, que son más de 765.000 del ala, por aumentarse o disminuirse las marías, ó 4.700 euros por sacarse la grasa de la barriga mediante lo que llaman liposucción, ó 5.800 euros por estirarse el pellejo, no está al alcance de cualquiera/o. Y si luego lo dejan a uno hecho un Frankenstein, es para pensarlo aunque los supuestos "cirujanos plásticos" estén en el tiempo de las "rebajas de verano".
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD