EL FORO CONTRA LA INCINERACIÓN denunció hace unos días la quema de residuos junto a la montaña del Lazareto, antiguo vertedero de Santa Cruz de Tenerife y que está llamado a convertirse en un gran espacio recreativo de la ciudad cuando concluyan los trabajos para completar el palmeral que se ha plantado.
Resulta curioso que la memoria colectiva siga asociando este enclave de la capital tinerfeña a su uso en el pasado y que a las faldas de la montaña se hayan acumulado los residuos de todo tipo e, incluso, se hayan apilado para ser incinerados. La actitud de los vecinos que han depositado las basuras en ese lugar no es cívica y demuestra una falta de sensibilidad ecológica de primera magnitud. Es comprensible, por tanto, el enfado de las autoridades municipales y de muchos vecinos, al constatar cómo se estaba utilizando una parte del ahora llamado Palmétum para depositar enseres y escombros.
El Ayuntamiento ha actuado con prontitud y ha cortado el acceso de vehículos a la zona para evitar que produzcan nuevos vertidos e incendios.
Ahora bien, esa actitud ciudadana puede tener que ver con la indefinición del proyecto de reforma integral de la montaña, cuya rehabilitación se inició hace lustros y hoy en día todavía no está terminado. La ciudadanía no sabe a ciencia cierta qué es del Palmétum, si el proyecto sigue adelante o si está paralizado. Evidentemente, el estado de abandono de parte de la montaña favorece el hecho de que los desaprensivos o los ignorantes utilicen la zona como vertedero de urgencia.
En este punto, habría que exigir al Ayuntamiento de Santa Cruz, como accionista de la empresa Parque Marítimo (junto a la Autoridad Portuaria y la concesionaria del recinto) la máxima diligencia para que el Palmétum se termine como se había previsto en un principio. Para ello, faltan casi cinco millones de euros.
Se sabe que conseguir tanto dinero no es cosa fácil y que quizás haya necesidades más perentorias, pero los vecinos de Santa Cruz se merecen el acabado de aquellos proyectos anunciados a bombo y platillo en su momento y que hoy están, desgraciadamente, en punto muerto.
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