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PEDRO ANATAEL MENESES ROQUÉ

El porqué de la decadencia del puerto de Santa Cruz


16/may/04 18:17
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PESE A LA APARIENCIA oficial, con la firma del "Compromiso para el desarrollo del sistema portuario de Tenerife", en febrero pasado, en que se están cimentando sólidos pilares para que Tenerife pueda desarrollar el sistema portuario necesario para afrontar los retos del presente siglo, más bien nos tememos -por enésima vez- que los desencuentros y la fuerte influencia de intereses particulares claramente definidos acaben por desviar el interés general y, lo que es más grave, agotar las posibilidades -cada vez más restringidas- de desarrollo comercial del puerto de Santa Cruz de Tenerife a favor exclusivamente del puerto Granadilla y de los intereses especulativos en torno a este complejo portuario. El empecinamiento en esta última década por parte de la dirección portuaria y de los políticos con mayor responsabilidad en Tenerife de sacar adelante un macropuerto en Granadilla a costa de paralizar el desarrollo del puerto de Santa Cruz de Tenerife -en el que prácticamente no se han ejecutado ni las más elementales inversiones para incrementar línea de atraque, terminales y aguas abrigadas con el falso argumento de que las posibilidades de desarrollo en este puerto están totalmente agotadas o que son muy costosas- ha comenzado en los últimos años a pasar severas y costosas facturas al sector portuario y por ende a la Isla.

Si realmente se quiere hacer cumplir el precepto reiterado hasta la saciedad por los defensores del puerto de Granadilla de que ambos puertos son y serán complementarios y no sustitutorios, las obras necesarias a corto plazo en Santa Cruz, de menor coste de inversión y ejecución, deben ser absolutamente prioritarias. Si no se desarrollan con urgencia y con su máxima capacidad operativa las obras de ampliación de la Dársena del Este en Santa Cruz de Tenerife en sus dos fases, el gran retraso y deterioro del sistema portuario tinerfeño existente hoy con respecto al puerto de Las Palmas alcanzará cotas inimaginables a corto plazo, incrementando aún más la dependencia comercial de Tenerife respecto de Gran Canaria. Pero, lo que es peor, Santa Cruz perderá en beneficio de Las Palmas la mayor parte de su tráfico portuario comercial.

Esperar corregir la desventaja portuaria de Tenerife respecto a Gran Canaria con la ejecución del gran proyecto de Granadilla y pequeñas obras recortadas en Santa Cruz, diseñadas más bien con el objetivo de justificar y acallar a los discrepantes, que el de su plena eficacia y potenciación de la actividad comercial, supone prolongar muchos años más la oficialmente ocultada decadencia de nuestro puerto. Con suerte, Granadilla no estaría operativo antes de 8 o 10 años -eso si se salvan los obstáculos medioambientales en Europa y se consiguen las inversiones estatales y europeas-, por el contrario, la actuación correcta y rápida en las obras de Santa Cruz, con voluntad política y técnica, pueden estar ejecutadas en plazos de tiempo relativamente cortos. Ya se han barajado períodos de entre 2 y 4 años, por lo que es más que probable que permitan mitigar el descenso de la capacidad operativa del puerto y la desbandada de las navieras que aún operan adscritas a tráficos internacionales e incluso de captar e incrementar nuevas líneas marítimas.

Los que vivimos y padecemos el puerto de Santa Cruz de Tenerife desde dentro, en el día a día, hemos visto cómo, año tras año, las instalaciones tinerfeñas han ido perdiendo tráficos de buques, especialmente exterior -en torno al 11% anual, según estadísticas de la propia Autoridad Portuaria- y desaparecen servicios portuarios y mercados en beneficio del puerto de Las Palmas. Ello ante el silencio y la pasividad de estos empresarios y de los medios de comunicación que ahora denuncian pérdida de competitividad y sobrecostes por falta de instalaciones adecuadas.

Más grave aún es que, desde principios de 2003, la naviera MSC -Mediterranean Shippinig Company- ha cancelado sus escalas regulares semanales directas en Santa Cruz de Tenerife que procedían del norte de Europa y ni un solo organismo empresarial, ni tampoco un solo medio de comunicación de Tenerife, ha denunciado que, además de soportar las demoras ocasionadas por los transbordos de sus mercancías en Las Palmas, tiene que pagar un sobreflete por los mismos. De igual manera, desde septiembre de 2003, las navieras Zim, Niver y Austal, que tocaban regularmente en Santa Cruz de Tenerife cada 10 días procedentes de Sudamérica, han cancelado en este puerto para hacerlo a la subida y a la bajada en Las Palmas, transbordando la mercancía para Tenerife en aquel puerto, igualmente con los consiguientes perjuicios ya comentados.

También en 2003, la naviera OPDR ha cancelado una de sus escalas semanales en la línea Sevilla-Canarias y la naviera Pinillos, del Grupo Boluda, ha cancelado igualmente sus cuatro escalas semanales de la línea Cadiz-Canarias. Qué lejos quedan aquellos tiempos en que se hacía gala de "el puerto es lo primero".

Las causas por las que el puerto de Santa Cruz de Tenerife ha ido perdiendo actividad y competitividad en la última década son diversas y de muy variadas razones, ya hemos apuntado algunas recientes. El gran déficit del puerto de Santa Cruz de Tenerife está en la necesidad de ampliar las terminales de contenedores y aumentar línea de atraque y superficie, que se pueden paliar a corto y probablemente medio plazo, como ya comentamos, con las obras del Dique del Este, Dársena Polivalente y rellenos en la Dársena Pesquera. Otra gran reserva futura que aún le queda al puerto de Santa Cruz sería la construcción de la Dársena Norte, que podría duplicar la operatividad actual del puerto, pero nos tememos que todas estas opciones vayan perdiendo su plena eficacia por actuaciones contrarias, deliberadamente planificadas con el único fin de justificar a toda costa las macroinversiones de Granadilla.

Para conseguir estos objetivos sólo basta transparencia y buenas intenciones por parte de todos los que de una u otra manera tienen responsabilidades sobre las decisiones que en un futuro inmediato se van a tomar sobre el futuro de los puertos de Tenerife. Desde los Ministerios de Fomento y Medio Ambiente, en Madrid, hasta el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria en Tenerife, pasando por el presidente del Gobierno canario, presidente del Cabildo de Tenerife y alcalde de Santa Cruz, tan personalmente implicados en las decisiones que se están derivando.

Todo hace indicar que los derroteros por los que navegan las intenciones finales distan más de un meridiano de lo que aquí se plantea.

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