RAÚL GORROÑO, S/C de Tfe.
Néstor Santana (Garachico, 1944) es una persona tranquila y de ha-blar pausado, actitud vital que está presente en su peculiar obra. Hacía más de un lustro que este artista, que ha vivido la mitad de su existencia en el extranjero (Venezuela y Alemania), no exponía en su tierra natal, periodo en el que se ha dedicado a indagar sobre la expresión plástica.
El resultado de ese trabajo silencioso demuestra que su obra ha evolucionado, realidad que se puede comprobar en las ochenta pinturas, realizadas con técnica mixta sobre lienzo y cartón, que expone en la sala La Recova de Santa Cruz hasta el 30 de mayo con el título "Indagaciones". La latente intención metafísica que rezuman sus cuadros ha ganado en color y en luz, superando una etapa de su producción calificada como de "pintura negra".
-Hace tiempo que no expone su obra, ¿le gusta espaciar los periodos en los que muestra su trabajo?
-Esto ha ocurrido sin que me lo propusiera, pero sí me parece im-portante que se realice una exposición cuando haya algo que enseñar. No una cosa gratuita.
-¿Enseñar? ¿Cómo concibe us-ted la pintura, para disfrutarla estéticamente, invitar a la reflexión, o ambas unidas?
-La segunda, sobre todo. Para mí es una gran prioridad recuperar para la pintura el cometido que tuvo siempre, el mismo que otras artes. No solamente es algo decorativo o estético, sino un lenguaje que sirve para expresar una manera de ver la vida, lo mismo que la literatura. Por eso digo siempre que me gustaría ser un escritor que escribe con pintura, concediéndole todo su bagaje plástico, no convirtiéndola en una pintura literaria. Que la pintura sea un lenguaje tan válido como otro cualquiera para ser un escritor, pero en vez de con letras con imágenes.
Ecléctico
-Jugando con esa paridad, ¿en qué estilo o género se inscribe usted como artista-escritor?
-Es difícil, lo que sí me siento es heredero de toda la obra antigua y contemporánea. Soy ecléctico. Uso lo que necesito en cada momento. Tomo de aquí y de allá.
-¿Qué cambios observa en la obra que presenta en La Recova con respecto a la anterior?
-Esta exposición significa un cambio, una evolución, con respecto al trabajo anterior. La obra que hice cuando comencé aquí en los 70 la denominan pintura negra; ahora ya es una pintura de color, más luminosa. Todas las cosas se van aclarando. Esta exposición se titula "Indagaciones", pero no indagar desde el punto de vista de experimentar técnicas y materiales, sino indagar desde un punto de vista más profundo: qué es la pintura, cómo es el mundo de la pintura, cuáles son las lecturas diferentes que tiene, porque después de la primera mirada viene la segunda, la tercera...
-Usted afirma que pintar es una forma de expresar estados de ánimo, ¿en qué estado se encuentra actualmente?
-No he hecho nunca pintura notarial del mundo que me rodea, ni tampoco la he hecho autobiográfica. He hecho una pintura que ha ido saliendo, que es intemporal. Tiene más un carácter metafísico que de reflejo de la actualidad. Está más allá de lo inmediato físico. Cuando pinto una puesta de sol, pinto la emoción que me produce.
-¿Pretende comunicar o transmitir algo con sus composiciones pictóricas?
-Más que transmitir, descubrir, por eso se titula "Indagaciones". Para mí la pintura es un camino de conocimiento, ir conociendo más el entorno, la vida, el drama humano.
-¿Hacia dónde va ese camino?
-En mi caso hacia una depuración, espero que una lucidez. Deseo envejecer haciéndome lúcido, sencillo, más fácil de entender, menos retorcido, más claro y diáfano.
-¿Cuáles son los temas-pretexto que evoca en su obra?
-Mi obra creo que gira sobre el ser humano y luego todas esas vi-siones que puede alcanzar esa persona de su entorno. Por ejemplo, cuando hago un paisaje probablemente no sea el paisaje en sí, sino la percepción imaginativa de ese paisaje. El centro es la persona y el misterio de la vida que le rodea. También incluyo mucho en mi obra a los animales, que considero tienen una parte humana, y hay algún bodegón. Pero me parece irrelevante catalogar las cosas, porque un bodegón puede ser muy humano y un humano muy bodegón, todo depende de cómo esté representado.
-¿Qué supuso para usted salir de la isla cuando emigró a Venezuela y luego a Alemania?
-La mitad de mi vida la he pasado fuera y ha sido importantísimo, sobre todo la estancia en Europa. Tengo la teoría de que en la isla estamos acostumbrados a ver el mundo como espectadores, como si no tuviese nada que ver con nosotros, y eso es un problema tremendo, porque no te sientes protagonista de tu época. Parece que vivimos en un limbo, aislados. El vivir fuera, estuve diez años en Alemania, donde formé parte de un colectivo, me ha permitido romper ese aislamiento. Eso se refleja en mi pintura, que no es localista de ninguna forma.
-¿Cómo alimenta su imaginación?
-Cada uno tiene su truco, yo en mi estudio, en contacto con ese mundo. Procuro no ser artificioso, no obligarme a tener esas imaginaciones, sino esperar a que se manifiesten y me lleven de la mano.
-¿Qué ha descubierto tras sus indagaciones en torno a la pintura?
-Que cada cuadro requiere su color, su materia, su mundo. Lo que no hago son series, no sé hacerlas. Hay gente que me ha pedido una nueva versión de un cuadro y no soy capaz. No manejo la clave para hacerlo.
-¿Suele incluir en su obra alguna referencia clara a las islas?
-Sí, pero no es algo folclórico. Está presente en una manera de enfocar. Aquí se ha forjado mi sensibilidad y espíritu. Lo que no quise nunca es reflejar eso como algo diferenciador. El espíritu de un artista tiene que ser más universal, pero sin olvidar las raíces. Nunca he renegado de ellas, sino todo lo contrario.
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