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Dolor


12/mar/04 22:05 PM
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1.- No existen palabras para definir el dolor. Si el dolor es de muchos, las palabras son aún más difíciles de encontrar. Si el dolor es gratuito se hace imposible expresarlo y hasta cuantificarlo. Siento un infinito dolor. Han muerto casi doscientas personas y otras mil han sufrido en sus cuerpos los impactos de la sinrazón en unos atentados brutales, de autoría incierta a la hora en que escribo. A medida en que me metía en mi programa de radio dando cuenta de las noticias en torno a la crisis, la rabia y la impotencia se apoderaban de mí. Los años hacen mella en cualquiera. Recuerdo mi serenidad aquel día en que recogí del suelo un dedo desprendido del cuerpo de un policía nacional que intentaba desactivar una bomba del MPAIAC en La Laguna. Yo llegué al minuto de la explosión, en el momento justo de ver a aquel chico joven, Rafael Valdenebros, destrozado por la metralla.

2.- Me enfrenté de nuevo con la muerte, esta vez con una muerte colectiva, en el accidente de los Jumbos en Los Rodeos. El espectáculo era dantesco, brutal. Hice fotografías con mis manos temblorosas y me eché a llorar como un niño cuando por la noche contemplé los quinientos muertos depositados en aquel viejo hangar. Ayer, a distancia, tuve que narrar, con seis canales de televisión ante mí vomitando noticias, el atentado de Madrid. Me descompuse. La muerte provocada no tiene perdón, pero cuando se multiplica por tantos cientos de víctimas uno lo tiene todavía más difícil de asimilar. Sean quienes sean los asesinos no merecen sino el desprecio de la sociedad y la prisión eterna.

3.- España ha sido un país de estadísticas tristes. Las cifras de muertos de ETA son brutales. Si se confirma que los atentados de ayer llevan otra firma, tenemos un nuevo problema. Escribo a ciegas, pues las noticias llegan con cuentagotas a mi mesa de trabajo y yo debo entregar en el periódico este artículo que hubiera deseado no escribir nunca. Jamás como ahora hay que estar al lado del Estado de derecho. Jamás como hoy tendremos oportunidad de unirnos frente a la barbarie y de desear con el alma el fortalecimiento de la democracia y la libertad que unos cuantos desalmados nos quieren quitar a bombazos. El de ayer fue uno de los días más tristes de mi vida.