MARTÍN DIO A ENTENDER ayer que va a poner ya a Robert Enke en la portería. A pesar de estar tan determinado, no lo tiene fácil para hacer justicia.
Robert debe jugar, porque vino para eso y, además, con la condición de refuerzo, pero eso implica sacar del equipo a Álvaro, que está defendiendo el puesto con notable eficacia. Podría decirse que Álvaro está mejor que en su primera etapa, aquella en la que obtuvo la confianza de David Amaral. Anda muy metido, seguro en el juego aéreo, arriesgando para dominar todo el área en una actitud muy distante de la que sería normal en la situación actual. Si a los jugadores de campo les quema la pelota, a los porteros les dan ganas de salir lo menos posible, pero Álvaro está muy dominante y con decisión.
Pero el planteamiento para hacer este cambio no es el que se desprende de evaluar los méritos de ambos porteros. Es otro: si no ponen a Enke ahora ¿cuándo lo van a meter en el equipo? porque si esperan a que Álvaro falle eso traerá consigo la derrota y ya no habrá quien enderece el rumbo. ¿Para qué queremos al refuerzo alemán si el equipo se termina de caer?
El asunto no es fácil, porque aunque partamos de la base de que debe jugar el mejor, es posible que una decisión como ésta deje huella en el vestuario. Los resultados también serán jueces de la idoneidad del cambio. Si se gana, no habrá problemas.
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