Escuché su relato en la Radio de esta Casa y en el programa de Juanjo Ramos. Su empresa se encarga del mantenimiento del césped del Rodríguez López y del Mundialito. Eduardo Hardisson, con tono apesadumbrado, reconocía, que por primera vez en veintipocos años, su empresa no podía hacer frente dentro del plazo legal a las nóminas de sus empleados.
Los productores de la empresa de Hardisson se convirtieron en protagonistas de una noticia anecdótica al anunciar que, al no haber cobrado, no cortarían el césped del Estadio para el partido de ayer. El hecho informativo recibió diversas respuestas: cachondeo para los que dijimos que si la hierba quedaba alta, David podía desarrollar una táctica más defensiva al emboscarse detrás de la maleza para sorprender al rival; afrenta institucional para lo que se la cogen con papel de fumar; y seria preocupación para los que entendieron que la noticia era claro exponente de como están las cosas en el Tenerife.
A mí, particularmente, al margen de la broma inicial de imaginar a los de David Amaral escondidos en la tupida hierba cual Rambos de Nivaria para emboscar al rival y salir a degüello futbolístico, la noticia me subió más la bilirrubina cuando me han contado, y me consta, que algún consejero anda divulgando y alimentando la interesada prospección ambiental de buscar salidas del atolladero actual a través del cierre por defunción económica.
A nadie escapa que la entidad por deber debe hasta callarse, pero pensando no ya sólo en los años de historia descritos por el Tenerife, sino en la cantidad de empresas y personas que se han visto ahogadas por su lealtad y condescendencia a la causa blanquiazul me parece frívolo poner en los mentideros, para ver como reacciona la parroquia, la posibilidad del cierre patronal.
La causa de disolución está ahí como una realidad tangible e innegable, pero cuando pienso en el puñado de empresas que como la de Eduardo Hardisson se quedarían colgadas por su entrega extrema al Tenerife, más me duele ese pronunciamiento manifestado de manera tan banal.
No vivo de espaldas a la realidad ni a la causa de disolución de que apunta la ley. Tampoco se me escapa, que en estos momentos, el Tenerife tiene toda la pinta de un Redoxón a punto de caer en un vaso de agua, pero los actuares dirigentes, que, evidente no fabricaron los números que hoy nos matan deben intentarlo hasta el final.
Y dicho con todo el respeto del mundo: si ven que no pueden con este terrible miura, por favor, den un paso al costado como dijo Solari en su momento, que aquí, el único cerrojazo que están algunos dispuestos a admitir es el que le mete David al equipo en los partidos de competición oficial.
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