Santa Cruz de Tenerife

Atrapados por el tiempo

El caserío lagunero de Chinamada se localiza en las cumbre de Anaga y data de los primeros años de la conquista. En la actualidad, sólo cuenta con 20 habitantes que viven en cuevas excavadas en la roca.
D. BARBUZANO, La Laguna
23/nov/03 14:32 PM
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En el municipio de La Laguna, concretamente en las cumbres de Anaga, se localiza uno de los caseríos más antiguos de la Isla: Chinamada, cuyos habitantes han permanecido muchos años atrapados por el tiempo y por ello alejados de las comodidades de la vida moderna, hasta tal punto que aún carecen de luz eléctrica. El caserío data de los primeros años de la conquista de Tenerife y la referencia más antigua localizada es del año 1506, cuando Alonso Fernández de Lugo dio a Francisco Hara cuatro cahíces de tierra de sequero encima de Aramuygo.

En Chinamada hay quietud y silencio. Por sus estrechas veredas se respiran los aires puros de la cumbre, y en el modo de vida de sus habitantes se entrevé al pueblo guanche, que subyace con recuerdos especiales, como el de las sacerdotisas que veneraban a su dios en Acadan e intervenían en el ritual de lluvia en la playa de Pachila.

Actualmente, el caserío no alberga a más de 20 habitantes en todo el conjunto, cifra que se acrecienta los fines de semana, cuando regresan los que viven en la ciudad para reencontrarse con sus viviendas y sus vecinos de siempre. El índice de población más elevado lo alcanzó el caserío en 1950 con 86 habitantes. Desde 1866 hay un descenso de la población que se acentuó en el periodo 1910-1930, seguido de un aumento entre 1930 y 1935, con 50 y 74 habitantes, respectivamente. Un crecimiento que puede ser el resultado de dos factores: saldo vegetativo bastante amplio y disminución de la emigración a Cuba. Entre 1945-50, 1955-60 y 1960-65 el incremento fue menor.

La gran disminución de la población en los últimos años fue consecuencia del éxodo rural, cuya principal causa estuvo en el aislamiento que se superó hace años con la apertura de una pista asfaltada.

Lo que caracteriza a Chinamada es su peculiar hábitat. La cueva natural, incluso las utilizadas por los guanches, constituyó el primer tipo de vivienda, como, por ejemplo, la del Morro de la Montañeta, propiedad de Antonio Alonso Ramos. En esta cueva pasaban muchas horas en el pasado los orchilleros cuando iban a buscar la orchilla, un liquen de color oscuro sobre el que existió un cierto comercio antes de que se descubrieran los colorantes naturales.

Como zonas populares de Chinamada, conservadoras de la designación aborigen, destacan: Acadan, Aramuygo, Azate, Huaida, Pachila, Tedija y Tezegid. En muchos de estos lugares se alzó antaño el segundo tipo de hábitat: el pajar, con gran concentración en el Lomo de Chinamada. Dados los peligros que presentaba, ya que solía incendiarse con facilidad, el chinamandense se trasladó al Lla-no de Chinamada y creó un peculiar tipo de hábitat: la cueva excavada en la roca. Este tipo de casa se consigue trazando unos cuadrados en la roca, conocidos como roce, a los que, con pico y mandarria, se les hace un surco en todo su contorno donde se coloca una cuña, la cual, al ser golpeada y recibir presión, hace saltar el bloque rocoso. Utilizando este sistema de construcción a lo largo y ancho de la superficie de la roca, el cabuquero obtiene una oquedad que labra hasta conseguir la distribución perfecta del hogar.

El pastoreo

En Chinamada tuvo mucho auge en el pasado el pastoreo, llegando a haber rebaños como el de Simeón Ramos, de 250 cabezas, con producción de queso; hoy se ha perdido. Los habitantes, en tiempo de Carnaval, acudían a Punta del Hidalgo a buscar conchas de lapas para hacer castañuelas para los famosos bailes de carnestolendas, y en los charcos de El Corrajero pescaban morenas cantando: "Jo, morenita, jo".

La llegada del asfalto posibilitó que el caserío no desapareciera, como afirma el presidente de la Asociación de Vecinos Aguayde, Demófilo Díaz Rojas, quien se contratula de que haya resurgido, incluso, la agricultura que tanta importancia tuvo antaño. "Ya no estamos aislados ?añadió? y abordamos otra manera de vivir, con una calidad de vida que ha borrado en parte los sacrificios que soportaron nuestros antepasados".

Los mayores del caserío son Juana Ramos Rodríguez y Alfonso Rojas Acevedo, de 82 y 81 años, respectivamente. Ellos, como el resto de los vecinos, esperan que, en un corto espacio de tiempo, llegue la luz, cuyo tendido eléctrico se aproxima a la zona. Será el día en que dirán adiós a los motores, las placas solares y las velas que tantas penas les han hecho pasar.

Chinamada posee la arquitectura más antigua de la Isla y, según la opinión generalizada, debería cuidarse para futuras generaciones. Por ahora, los turistas tienen una cita diaria atraídos por sus valores estéticos, su autenticidad y su sabor tradicional.