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LA CRONICA

Este empate no es malo

El Tenerife empezó muy bien, no aprovechó sus opciones y vivió una segunda parte muy dura, recibiendo contras muy claras que malogró su rival bajo la lluvia y en un ambiente ya crispado.
23/nov/03 12:46
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VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe

Cada vez llueve más para el Tenerife. Un equipo sin resultados tiene pocas defensas en el fútbol, aunque lo intente con tanta actitud como lo hace el de David, que tiene una conducta irreprochable los noventa minutos, pero que no acierta cuando tiene oportunidades y desfallece durante muchas fases del encuentro hasta poner en peligro el punto con el que empieza los partidos. Eso mismo le pasó ayer.

La salida del Tenerife fue muy buena, con movilidad, subiendo a los carrileros, combinando cerca de la meta rival y pisando el área con opciones. No marcó, a pesar de su dominio, que fue muy claro. El Leganés, con un 4-2-3-1 vino a parar al Tenerife con la segunda línea, pero fue incapaz de sujetar a Martín Posse durante un buen rato. El argentino recibió siempre muy solo y creó superioridad frente a la línea de zagueros del rival, pero no hubo claridad en la última entrega y se desperdiciaron los mejores minutos de los locales, en los que lograron separar mucho las dos primeras líneas de un rival que entró lento, apático y sin ritmo en el partido. David había puesto dos volantes ofensivos que terminaban como delanteros, pero a Cristo y a Jonathan les puede la ansiedad, se precipitan y malogran situaciones de ventaja clara.

A medida que avanzó el choque, el Leganés fue haciéndose con la pelota, sin grandes alardes, pero imponiendo el ritmo lento que les beneficia. A base de abrir mucho el campo y sacar continuamente a sus laterales hacia arriba, en especial a Domínguez por la izquierda, fueron echando al Tenerife hacia detrás y terminaron la primera parte igualados a ocasiones y con la sensación de que ya habían abierto el partido. Álvaro salvó al Tenerife igual que Leyenda había evitado el gol local al principio de esta primera mitad.

En el descanso, David quitó a Aarón, trajo a Cristo a la banda derecha y metió a Kiko en punta. Con el cambio quiso dinamizar la banda, para que hubiera más ruptura por la derecha y que su equipo, con el Ratón, pudiese ganar los balones aéreos cerca del área para jugarlos allí con los mediaspuntas, que ahora eran Jonathan y Posse. El equipo empezó a anudarse por el medio, jugó mucho por el centro, conectó con Kiko de espaldas a la portería y no supo abrir luego a las bandas, donde ya estaban volcados Cristo y Roberto. El Leganés, con un oficio tremendo, cortó muchos balones sin despejarlos y montó contras que iban haciendo subir la temperatura del miedo en el estadio. Los centrales, un Mustafá soberbio, y Alejandría, un jugador a seguir, le sacaban la pelota del pie a los nuestros, atascados en un enjambre, y conectaban con Do-mínguez por la izquierda. Los contraataques eran cada vez más peligrosos y con mayor acompañamiento de la segunda línea, pero Álvaro estuvo bien y Chiqui perdonó una y otra vez.

Con un clima casi irrespirable de histerismo contagioso en el estadio y bajo una lluvia muy pertinaz, al Tenerife se le hizo rápido el campo. Cuando menos precisión tienes, necesitas que el balón sea de hierro y ayer le pasó todo lo contrario a un equipo cada vez más precipitado. Entró Airam en lugar de Cristo y pasó Jonathan a la banda y luego apareció Julio Hormiga, sacrificando a Roberto Carlos. Julio tomó el mando y Jesús se fue a la izquierda. No había manera, el partido estaba minado, el Tenerife seguía empujando por el centro, con mucha gente, pero perdía ahí la pelota y dejaba a gente por delante. Los contragolpes madrileños se basaban además en la deficiencia lógica del balance defensivo local, porque los carrileros estaban cansados, no regresaban y dejaban muy descubiertas las dos bandas. Todos llegamos a temer una derrota, pero el Leganés, que fue cambiando a los más cansados sin modificar su esquema, lo falló todo.

Se hace cuesta arriba criticar a este Tenerife, porque es injusto. Con Julio Hormiga, con Airam, con Vitolo en el campo, lo normal es que seamos comprensivos con los nervios, con los errores y con la precipitación. La verdad es que al equipo le puede su afán por arreglar las cosas deprisa y corriendo, le falta veteranía y a veces método. Ayer debió llevar la pelota a las bandas y asegurar la posesión para evitar que le hicieran daño. Pero son pecados propios de un equipo humilde y muy joven. Ayer pudo ganar con claridad al principio y pudo perder con más claridad en la asegunda mitad. Luces y sombras Esto es lo que hay...

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