COLPISA, Moscú
Georgia se encuentra de nuevo al borde de una guerra civil. Si el Ejército y las Fuerzas de Seguridad obedecen las órdenes del presidente Eduard Shevardnadze y actúan para "restablecer el orden", de acuerdo con el decreto de estado de excepción, el baño de sangre está asegurado. La situación en esa antigua república soviética del Cáucaso preocupa a todo el mundo pero en especial a los países vecinos, a Rusia, EEUU y la UE. El ministro de Exteriores ruso, Igor Ivanov, partió ayer hacia Tiflis mientras desde Washington y las principales capitales europeas se hacían un llamamiento a la calma y al diálogo para superar la crisis.
El momento culminante de la ola de protestas que se desencadenó el Tiflis tras las elecciones legislativas del pasado día 2 se produjo hoy. Mijaíl Saakashvili, líder del Movimiento Nacional y cabecilla principal de la revuelta que ha puesto a Shevardnadze contra las cuerdas, ya advirtió el viernes que sería boicoteada la sesión inaugural de un parlamento elegido de forma fraudulenta. Y así ha sido.
Apenas pasaron quince minutos después de que el presidente georgiano iniciase su discurso ante la nueva Cámara, los manifestantes que se encontraban en el exterior del edificio irrumpieron en la sala. La ceremonia quedó interrumpida y Shevardnadze salió inmediatamente del inmueble parlamentario protegido por sus guardaespaldas.
Turba enfurecida
Los tres cordones policiales que custodiaban el órgano legislativo nada hicieron por impedir el paso a la turba de enfurecidos manifestantes, factor que pone de manifiesto que una parte de las Fuerzas de Seguridad no apoyan ya al presidente. Casi simultáneamente, otro grupo de opositores penetraba en la Cancillería de Estado, sede de la Presidencia. Sus funcionarios se apresuraron también a huir a un lugar más seguro.
Durante horas, nada se supo del paradero de Shevardnadze. Se llegó a decir que se había refugiado en una base militar cercana a la capital. Por fin, las televisiones difundieron el texto del decreto presidencial que establece el estado de excepción durante 30 días. Antes, el portavoz de Shevardnadze hizo publico un comunicado calificando de "golpe de estado" la toma del Parlamento y la Presidencia. Shevardnaze dijo en su alocución retransmitida que "si muestro ahora debilidad, el pueblo no me perdonará". Manifestó en tono amenazante que "el orden será restablecido y los criminales detenidos y castigados" mediante el empleo de todos los medios disponibles. Según el decreto, se ha movilizado, no sólo a la Policía, sino también varias unidades del Ejército. Se da la circunstancia, no obstante, de que, según la ley en Georgia, el estado de excepción debe ser ratificado por el Parlamento, algo bastante difícil en la actual situación.
Saakashvili, por su parte, pidió a las tropas y a los efectivos del Ministerio del Interior que se pasen "al lado del pueblo" y a los habitantes de Tiflis que permanezcan en las calles. De momento, los diputados que apoyan esta nueva "revolución de terciopelo" nombraron ayer presidenta en funciones del país a Ninó Burdzhanadze, dirigente de uno de los partidos opositores y jefa de la Cámara saliente. Al no reconocer los resultados de los comicios del día 2, por considerar que fueron falsificados, la oposición ha deslegitimado el nuevo Parlamento. Así y según la Constitución georgiana, es Burdzhanadze quien deber hacerse cargo de la dirección del país.
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