AHORA LAS COSAS dicen que se hacen así. Que incluso se dan cursos y hasta "masteres" ?para todo te piden un master? a los que acuden prestos los pétreos y descorazanados jefes y directivos, de traje de Armani y cabellos relamidos. Van para aprender a despedir a los "mandaos". Tiene oeufs. No sabía yo que había gente a la que nadie enseñó que el "mándese a mudar" era para despedir sin contemplaciones, y cuya docencia siempre fue gratuita. Ya ven. Son los tiempos. Claro que el imperativo vecinal, como el "vete a freír chuchangas", exige mirar al careto del susodicho. Un segundo de dignidad. Un segundo al menos, en el que se transmite el "tú y yo sabemos por qué", el "porque me da la gana", o el "porque me tienes hasta allí y no te soporto". Mensajes, hablados o no, explícitos o implícitos, pero claros. Y claridad es dignidad o, al menos, no deben separarse.
Pero hay individuos de categoría moral dudosa que cuando llegan a jefes necesitan, por encima de todo, ser los importantes. Y para serlo tienen que pisar a los otros. No se ganan el respeto, lo imponen. Tiene la televisión eso de malo. O de bueno. Quién sabe. Que son más famosos los presentadores que los jefes. Y eso no todo el mundo lo asimila. Gente poderosa. Dueños de la fábrica de hacer famosos y ellos sin serlo. Hasta ahí podíamos llegar.
Sí. Hablo de Antena 3 y el ERE (Expediente de Regulación de Empleo). Los centros de Tenerife están sufriendo coletazos muy fuertes. Amigos, conocidos y desconocidos que uno sabe que lo están haciendo bien. Que en este caso, somos testigos de un trabajo que infinidad de veces es un servicio social. Un servicio público. La manifestación en apoyo de estos compañeros que se vivió en esta capital, duerme ya en el sueño de los justos y los lamentos y graves situaciones personales de los trabajadores, el tiempo los va enmudeciendo.
El trato similar dado a las "estrellas" de la cadena no es consuelo, pero quizá provoque una oleada de rechazo social que ?aunque sólo sea por el reflejo en las cuentas? haga recapacitar a los mandamases.
Olga Viza era una de mis periodistas favoritas. Lo sigue siendo, aunque ahora no la veo. Podría haber sido princesa. Y reina. O Rosa María Mateo. La otra gran estrella despedida. Ninguna va a pasar hambre, ni les va a faltar un duro. Pero lo están pasando mal. No son formas. Ni para ellas ni para ninguno de los despedidos. A ambas les honra su dar la cara por sus compañeros no tan conocidos. Algunos de ellos, en un par de meses se encontrarán sin trabajo, con una familia a sus espaldas y una hipoteca apretando el torniquete.
Eso sí. Democracia a tope. Todos igual. Todos igual de mal. Como en los toros, división de opiniones: unos en su padre y otros en su madre. El despido se lo comunicaron o los guardias de seguridad, o sus compañeros o por fax. Se habla, en muchos casos, de "ajustes de cuentas", con la gente incómoda. Quién lo sabe... a río revuelto...
Que haya que hacer un master para despedir a los empleados por fax, y que encima ese fax se envíe un sábado, y que ese mismo sábado se ingrese en las cuentas corrientes de los despedidos el dinero correspondiente a la indemnización... clama al cielo.
Entiendo el derecho de la empresa a lograr la rentabilidad de la manera que considere pertinente dentro de la legalidad, pero, desde fuera, da la sensación de que en el barullo de recorte de gastos nadie piensa en cuál es el proyecto de la cadena. Que sólo se están ocupando de barrer y muchas cosas van a ir a la "basura". Unos conocidos, muy conocidos, Jesús Hermida, Olga Viza, Rosa Mª Mateo, Marta Robles... y otros menos conocidos... las plantillas de los centros territoriales.
Malo, muy malo y bochornoso es el maltrato, pero la humillación es mucho peor. Formas canallas en un mundo en el que nadie es nadie.
Feliz domingo.
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