Turrón sí; langostinos, no
Se acercan las Navidades y en estas fechas se suele consumir langostino, aunque, por lo visto, cada vez se consume más a lo largo del año. Según Greenpeace, esto se debe al aumento de la producción, sobre todo la de acuicultura. Tanto la acuicultura como la pesca del langostino presentan graves problemas ambientales y sociales. La acuicultura se desarrolla destruyendo el bosque de manglar. En Ecuador ha desaparecido el 50% del manglar. En Tailandia, segundo productor mundial, el 83,7%. En Indonesia, 296.000 ha. La Unión Europea suspendió las importaciones de China, principal productor, por la presencia de cloranfenicol, un antibiótico que causa un tipo mortal de anemia. En Honduras no tienen tratamiento de aguas residuales. España importó 1.900 toneladas de langostino de Honduras en 2001. Otros daños son que se ha expulsado a comunidades costeras y se han destruido arrozales, que la gente necesita para comer mientras que el langostino se exporta. En 11 países se han asesinado a opositores a esta industria. En Colombia, una asociación de campesinos y pescadores denunció a una empresa por destrucción del manglar. El presidente de esta empresa fue ministro de Medio Ambiente.
El pescado del mundo pobre acaba en el mundo rico y los pobres lo necesitan para comer porque no tienen la variedad y cantidad de alimentos que tenemos nosotros. Greenpeace avistó, en una semana, 31 arrastreros faenando ilegalmente en Guinea Conakry, Guinea Bissau y Sierra Leona. Estos países no pueden vigilar sus costas. La Unión Europea es el principal importador mundial de langostino y España el principal importador de la Unión Europea. Greenpeace, y el sentido común, recomiendan ser consumidores responsables para elegir qué se debe consumir y qué no, en función de las repercusiones que tenga cada producto.
Si el dinero mueve el mundo y sale del bolsillo de cada consumidor, es el consumidor el que mueve el mundo, no los gobiernos ni las empresas. Feliz Navidad.
José Felipe San Martín Cruz
Los que doblan el espinazo
Hay quienes, en su defensa de ciertas instituciones (en realidad, de su medro personal), les hacen mucho más daño que beneficio. Por ejemplo, los que doblan el espinazo hasta el ridículo ante la realeza, con lo que favorecen la principal objeción actual contra ella en una sociedad democrática: ser tan incongruente con la igualdad proclamada por la Constitución. Porque hemos asistido, entre divertidos e indignados, a la previa, pública y aparatosa "coronación" de la futura princesa Letizia Ortiz como la mejor periodista existente, e incluso del pasado y del porvenir ("de esas que aparecen cada quince o veinte años"), en la tan oficial TVE, por parte del periodista-cobista A. Urdaci, que tampoco tuvo empacho en proyectar antiguas imágenes en las que aparece el príncipe saludándole a él, Urdaci, como a otros empleados de TVE-1.
Sí, se trata del mismo personaje que ha sido responsable de la primera condena a TVE por parte de la Justicia, debido a su enorme parcialidad informativa, y que ha demostrado, sin querer, la justeza de esa condena hasta con la misma manera engañosa y retorcida que ha tenido estos días ese condenado Urdaci de leer ante la pantalla chica el escrito de reconocimiento de su gran, vergonzosa, falta de ética y de profesionalidad. Es posible que la Casa Real no haya podido evitar que la futura princesa haya colaborado tan de cerca, y casualmente en estos últimos tiempos, en que ya estaba relacionada con el príncipe, con vasallo tan poco ejemplar; pero de lo que no cabe duda es de que poco prestigio recibirá tampoco ahora ella por esa tan interesada lisonja y "recomendación" por parte de tan poco recomendable y servil súbdito, tan obviamente interesado en ser "La voz de su amo" de la Corte, como ya, por medios tan legalmente condenables y condenados, recordémoslo, lo es del Gobierno.
Martín Sagrera
Una tertulia casi impecable
En ese magnífico y bien ordenado programa de entrevistas de la televisión pública vasca denominado "Políticamente incorrecto", y dentro de una excelente rueda de comentarios de diversos políticos sobre la actualidad catalana, un político de IU- Ezker Batua, Matute, repitió una vez más el argumento que utiliza a menudo, y que en 1931 Neville Chamberlain, Daladier y otros políticos europeos usaron para justificar el nacionalsocialismo triunfante en Alemania: "Todas las ideas y todas las personas son válidas si las respalda una mayoría suficiente". Mi abuelo materno, gaseado en Dachau, tendría seguramente otra opinión.
Rafael Emparan Silverbaum
Munich (Alemania)
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD