YO SIEMPRE he sido un hombre de gran sensibilidad, lo que en términos coloquiales se dice un hombre de sentimientos. Pero, al parecer, con los años se va haciendo uno más sentimental, llora por cualquier cosa. Y, como sé eso, no me extrañó que ese amigo al que voy a referirme, estuviera llorando a moco partido en uno de los bancos de la Rambla 25 de Julio. Lloraba, mientras leía el periódico que tenía entre las manos.
?Pero, ¿qué es lo que te pasa?, le pregunté. ¿Es que acabas de leer en el periódico la esquela de un pariente o de un amigo íntimo?
?No, me contestó, mientras con el pañuelo se secaba las lágrimas que habían brotado en sus ojos. Lloro, porque estoy leyendo los sueldos, mejor digamos sueldazos, de los directores de algunas empresas públicas de esta Autonomía.
?¿Tan altos son?, pregunté extrañado.
?Hombre, supongo que con esas nóminas por lo menos no pasarán hambre. Baste saber que, según se recoge en el Proyecto de Ley de los Presupuestos Generales de la Comunidad, los directores de Cartográfica de Canarias, por ejemplo, tienen unos ingresos anuales de 21,3 millones de pesetas. Y así más o menos por el estilo los que le siguen, y que podría citarte.
?Oh, ¿y por eso lloras?, le pregunté.
?Lloro porque yo no estoy entre ellos y porque con lo que cobran diez de estos directores generales, daría para 216 salarios mínimos interprofesionales al año.
?Ahora me explico, comenté, la lucha que hay entre algunos por hacerse con estos y otros puestos, porque con esos sueldazos, digo yo, no es que te saques la primitiva, es que te forras para toda la vida. Si Enrique IV dijo: "París bien vale una misa", aquí habría que decir "un chollo de esos bien vale cualquier cosa".
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