JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
Antonio vive en la calle de La Marina y tiene un niño de cinco años, Andrés, que, como parece lógico por su edad, quiere jugar. El problema es dónde, porque en su zona, la parte baja de Santa Cruz, la que coincide con el ambicioso Plan Urban, resulta prácticamente imposible. Y para demostrarlo, nada mejor que recorrer a conciencia el sector.
Los nombres de esta historia son supuestos, pero las personas que representan absolutamente reales. Podrían vivir en cualquier otra calle de este populoso sector de la ciudad, pero la pregunta sería idéntica: ¿dónde están los columpios?
El recorrido de este redactor empieza en la alameda del Duque de Santa Elena. Allí, entre una "ONU" de personajes marginales, que bastante tienen con sus problemas, y las estructuras del inminente mercadillo apenas queda sitio para cuatro balancines colocados en unas isletas de corcho que más que nunca hacen honor a su nombre. Mejor dicho, son tres balancines y una "casita" para que los niños disfruten, después, eso sí, de esperar, pues deben pasar por un riguroso orden de llegada. De lo contrario, las peleas entre ellos y tal vez sus padres harían imposible utilizar el artefacto.
Y a partir de aquí, un auténtico solar hasta llegar al García Sanabria, donde se ubica el único parque infantil (sobresaturado, por supuesto) de toda esta amplia zona de la ciudad.
Continuemos y analicemos: calle La Marina, con la plaza de Isabel II, o de La Pila, callejón Bouza y en su final la plaza del arquitecto Marrero Regalado. Nada de nada.
Salgamos por la avenida de Anaga, que se ha reformado para viandantes y "andantes", o en su versión avanzada, corredores, pero no para niños, y subamos por la rambla del General Franco. Dos "islotes", uno frente a la muralla de Almeyda y otro ante la plaza de arquitectos rompen la monotonía en cuanto a lo que nos interesa: el equipamiento infantil.
Entremos por la calle de La Rosa y tras pasar por la Casa Pisaca, la "migaja deportiva" que le han dejado a los jóvenes de El Toscal, y cumpliendo aquel famoso estribillo murguero de "paseando por las calles del ...", salgamos hacia Suárez Guerra.
Desviémonos luego a la derecha y para conseguir otra muestra de sensibilidad hacia los críos detengámonos en la plazoleta ubicada en Callao de Lima, esquina con Viera y Clavijo. Dos balancines unidos sirven para desahogar a nuestros "enanos".
Crucemos Méndez Núñez para llegar al parque García Sanabria. Sus defectos serían objeto de otro reportaje, pero, para lo que analizamos, es un recinto ideal.
Antonio, nuestro vecino supuesto, se queja amargamente: "Es que encima somos los que pagamos mayor contribución de la capital y a cambio no tenemos servicios, porque el de la falta de equipamiento infantil no es más que un ejemplo".
Andrés, mientras tanto, niño como es, se entretiene con cualquier cosa, pero sigue echando de menos un columpio en el que arrullarse. Salvo que sus padres decidan desplazarse al parque municipal, un itinerario que, usando ese artilugio propio de la modernidad que se llama coche, ocupa el mismo tiempo que irse a Valle Guerra o a Candelaria.
En este recorrido hemos observado espacios más que suficientes para situar "islas" de equipamiento infantil, aunque un proyecto tan ambicioso como el "Plan Urban, hecho para mejorar la calidad de vida en el centro de la capital, se olvidó de un sector importante de la población como es el infantil.
Sin nombrar las plazas mencionadas, y entrando en otras rutas del centro que podíamos haber seguido de manera aleatoria, la lista es amplia: rambla de 25 de julio, plazas de los patos, Ireneo González, San Francisco, del Príncipe o Weyler, el flamante parque Bulevar, La Concepción , la plaza de España y de la Candelaria, las amplias zonas peatonales de Ángel Guimerá, ...
La pregunta, después de casi una hora de paseo, es la misma: ¿dónde están los columpios?
Antonio vive en la calle de La Marina y tiene un niño de cinco años, Andrés, que, como parece lógico por su edad, quiere jugar. El problema es dónde, porque en su zona, la parte baja de Santa Cruz, la que coincide con el ambicioso Plan Urban, resulta prácticamente imposible. Y para demostrarlo, nada mejor que recorrer a conciencia el sector.
Los nombres de esta historia son supuestos, pero las personas que representan absolutamente reales. Podrían vivir en cualquier otra calle de este populoso sector de la ciudad, pero la pregunta sería idéntica: ¿dónde están los columpios?
El recorrido de este redactor empieza en la alameda del Duque de Santa Elena. Allí, entre una "ONU" de personajes marginales, que bastante tienen con sus problemas, y las estructuras del inminente mercadillo apenas queda sitio para cuatro balancines colocados en unas isletas de corcho que más que nunca hacen honor a su nombre. Mejor dicho, son tres balancines y una "casita" para que los niños disfruten, después, eso sí, de esperar, pues deben pasar por un riguroso orden de llegada. De lo contrario, las peleas entre ellos y tal vez sus padres harían imposible utilizar el artefacto.
Y a partir de aquí, un auténtico solar hasta llegar al García Sanabria, donde se ubica el único parque infantil (sobresaturado, por supuesto) de toda esta amplia zona de la ciudad.
Continuemos y analicemos: calle La Marina, con la plaza de Isabel II, o de La Pila, callejón Bouza y en su final la plaza del arquitecto Marrero Regalado. Nada de nada.
Salgamos por la avenida de Anaga, que se ha reformado para viandantes y "andantes", o en su versión avanzada, corredores, pero no para niños, y subamos por la rambla del General Franco. Dos "islotes", uno frente a la muralla de Almeyda y otro ante la plaza de arquitectos rompen la monotonía en cuanto a lo que nos interesa: el equipamiento infantil.
Entremos por la calle de La Rosa y tras pasar por la Casa Pisaca, la "migaja deportiva" que le han dejado a los jóvenes de El Toscal, y cumpliendo aquel famoso estribillo murguero de "paseando por las calles del ...", salgamos hacia Suárez Guerra.
Desviémonos luego a la derecha y para conseguir otra muestra de sensibilidad hacia los críos detengámonos en la plazoleta ubicada en Callao de Lima, esquina con Viera y Clavijo. Dos balancines unidos sirven para desahogar a nuestros "enanos".
Crucemos Méndez Núñez para llegar al parque García Sanabria. Sus defectos serían objeto de otro reportaje, pero, para lo que analizamos, es un recinto ideal.
Antonio, nuestro vecino supuesto, se queja amargamente: "Es que encima somos los que pagamos mayor contribución de la capital y a cambio no tenemos servicios, porque el de la falta de equipamiento infantil no es más que un ejemplo".
Andrés, mientras tanto, niño como es, se entretiene con cualquier cosa, pero sigue echando de menos un columpio en el que arrullarse. Salvo que sus padres decidan desplazarse al parque municipal, un itinerario que, usando ese artilugio propio de la modernidad que se llama coche, ocupa el mismo tiempo que irse a Valle Guerra o a Candelaria.
En este recorrido hemos observado espacios más que suficientes para situar "islas" de equipamiento infantil, aunque un proyecto tan ambicioso como el "Plan Urban, hecho para mejorar la calidad de vida en el centro de la capital, se olvidó de un sector importante de la población como es el infantil.
Sin nombrar las plazas mencionadas, y entrando en otras rutas del centro que podíamos haber seguido de manera aleatoria, la lista es amplia: rambla de 25 de julio, plazas de los patos, Ireneo González, San Francisco, del Príncipe o Weyler, el flamante parque Bulevar, La Concepción , la plaza de España y de la Candelaria, las amplias zonas peatonales de Ángel Guimerá, ...
La pregunta, después de casi una hora de paseo, es la misma: ¿dónde están los columpios?
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