AÚN SIN CONCLUIR las diversas labores de la viticultura, cuando la estación fuerza el relevo de las hojas al compás del viento, los miembros de la corporación municipal de Santa Úrsula, meses atrás afanados en lograr superar las fiestas de años anteriores, activan la complejidad del programa que consideran adecuado. Ahora bien, al unísono del esfuerzo para mejorar el evento, una novedad: por vez primera, incluso antes de constituirse el municipio que aún formaba parte del ámbito jurisdiccional de Acentejo, salvo impedimentos de índole político, social, económico... los lugareños, dícese, se reunían en la explanada de las tierras del centro para determinar algún divertimento por la abundancia de la penúltima cosecha. Casi tres siglos después, la Corporación ha optado por alejar el acontecimiento festivo de la carretera general que cruza el casco del municipio. Decisión, seguramente, que intenta evitar colapsar el tránsito en la zona. A veces es la pregunta que uno se hace, se paga un precio por el tropel de desarrollo que "lástima" las tradiciones. Sirva, por tanto, el apunte que ilustro en este periódico para los estudiosos que en el futuro se sientan animados por la curiosidad de repasar o añadir datos que puedan ser válidos para comparar los efectos de las determinaciones que a veces hay que afrontar. No obstante, a la vuelta de los siglos, ahí está el territorio del soberano de Taoro, Bencomo, hijo del Gran Tinerfe, donde al concluir la conquista de Tenerife se formó un núcleo de población alrededor del solar donado (año 1587) por el alcalde Acentejo, Alejo Pérez, para construir el templo parroquial que, posteriormente (en 1612), la dama orotavense María Gallego (testimonio del escribano Roque Xuares, 9 de julio de 1612) decidió ampliar con la condición de entronizar la imagen de Santa Úrsula.
Años después, las sucesivas generaciones verían la necesidad de contar con representación en los Cabildos Generales de las Islas, derecho que obtuvieron en 1763, por resolución del rey Carlos III, dando paso a la formación de una junta vecinal de la que formaban parte los diputados del común elegidos por cabezas de familias. En 1813, la unidad territorial de Santa Úrsula daría paso al nuevo municipio de Canarias. Por cierto, la patrona titular de la parroquia, cuya liturgia se celebra el 21 de octubre (fiesta local), fue eliminada del santoral por ofrecer a la Iglesia de Roma dudas a los propósitos de su elevación a los altares, ya que, según ha orden sellada en 1958, de ella no se supo en su momento. De haber llegado hubiera eliminado la celebración religiosa. La ocasión, posteriormente, daría paso al comentario jocoso alusivo a que "las órdenes de Roma no llegaban a Santa Úrsula". En la actualidad, la imagen se venera en Colonia (Alemania), en Adeje (Tenerife), en la provincia de Colchagua, departamento de San Fernando (Chile), en el Estado de Sonora (Méjico) y en el municipio de Colunga (Santa Úrsula de Carrandi, parroquia de la provincia de Oviedo).
Hay que reconocer, aún sabiendo que no existen episodios históricos de mayor importancia, que los pocos datos conocidos son los que se mencionan en los sinodales del obispo Murgas (1628 a 1623) con referencias a que "existía un curato de unos ochenta vecinos dependiente del Beneficio de la Orotava". Lo más probable es que se tratara de una ermita (1612) ampliada y conservada luego por sus feligreses. Asimismo, en cuanto al tesoro de la parroquia (algo menguado) permanece una escultura de San Sebastián en martirio, antaño con flechas de rubí, tamaño un tercio del natural, atribuido a la escuela mejicana. La Virgen del Rosario, talla estofada, remitida de Indias en 1626 por el capitán Amador Pérez, la que fue sustituida por la actual, venida de Génova. La Inmaculada Concepción, buena copia de la de Martínez Montañés, y Santa Rita, escultura perteneciente a don Fernando Estévez.
En cuanto a pinturas, salvo el lienzo de las Ánimas del Purgatorio (año 1756), autoría de Domingo Lorenzo, la Santísima Trinidad y la Virgen de La Merced, según el historiador Rodríguez Mesa, no hay otras.
De las piezas de orfebrería ?recuerdo que hice referencias a ellas en EL DÍA del 23 de noviembre de 1978? se conservan dos custodias de plata sobredoradas, una vinagrera de estilo barroco de plata en su color, un cáliz y un copón, procedente de Indias, donado en 1626 por el capitán Amador Pérez. Con ella, del mismo origen, una cruz procesional de 1640.
Por otra parte, conviene recordar la magnífica labor del sacerdote (actualmente jubilado) don Jerónimo Hernández, por lo encomiable de su gestión en la parroquia. A él, sin duda, se deben muchas de las obras realizadas en el templo: un gran armario o guardarropía de caoba para los ornamentos de la liturgia. La restauración hasta poner al descubierto los primitivos y nobles materiales de la iglesia, las imágenes, los altares, el artesonado, las cubiertas de techos, etc. El apoyo del Ayuntamiento, siendo alcalde don Fernando Luis, y del Cabildo Insular, junto con las generosas aportaciones de los vecinos, tampoco se hicieron esperar, se gestó un buen trabajo.
En fin, creo que me he pasado de espacio y en detalles. No obstante, con el beneplácito y la atención que dispensa el propietario, editor y director de EL DÍA , don José Rodríguez, siempre atento a los asuntos del Archipiélago, seguro que hará posible que se destaquen las magnificencias de nuestros ubérrimos campos de montes y viñedos, la privilegiada situación geográfica, a tan sólo una altitud (capital) de 285 metros, el brillante porvenir turístico, la situación de Santa Úrsula como balcón natural del Valle, las bellezas geológicas de unos inmensos acantilados que frenan los embates de las olas, la bondad del clima por el arrullo de la brisa, el cromatismo inverosímil del sol, etcétera. Además, y es factible comprobarlo, a la par con el espíritu radiante y complaciente de los aliados de las exquisiteces autóctonas, se hallan dispuestos extraordinarios vinos, papas arrugadas, mojos, sancocho, gofio, tollos, potajes... que colman los deseos de los paladares más exigentes. También, vaya por Dios, sería imperdonable no tratar de la expresión más animada de las fiestas, es decir, la "isa" irónica, la "folía" melancólica, el "arrorró" tierno que brota de la emoción que con supina belleza y profundidad se desgranan en cualquier rincón del municipio. Circunstancias, a mi modo de ver, que abrazaría Eugenio Montés al recitar: "En este cabalgar de lo eterno sobre el mundo, haciendo romería se hizo España". ¡Felices Fiestas!
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD