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Antológica de Raúl Tabares en el Puerto de la Cruz


30/sep/03 20:25 PM
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EN EL INSTITUTO de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz, presenta una muestra antológica, a partir del año 70, el acuarelista Raúl Tabares, una de las personalidades más interesantes por sus experimentaciones en el campo de la acuarela isleña,

El artista nace en La Laguna en 1928. Su padre tuvo que cambiar su oficio de músico, que no alcanzaba para mantener a la familia, por el de tipógrafo en la imprenta Curbelo, de ahí le vendrá a Tabares el gusto por las artes gráficas. Sin embargo, su dedicación primera fue la pintura, desde que, siendo un niño, Francisco Bonnín le pidiera que le sostuviera la sombrilla mientras pintaba una acuarela. A partir de este momento, comenzó a dibujar en su colegio Nava de La Salle toda clase de motivos que le solicitaban los compañeros. Recibió algunas clases de acuarela del pintor Rodríguez Machado, con el que salía a pintar al campo, quien le introdujo por breve tiempo en la técnica; posteriormente, su formación fue autodidacta, celebrando la primera exposición en su colegio con sólo catorce años, y recibiendo un Primer Premio para artistas noveles a los quince años por una de sus acuarelas en la que recogía La Laguna y sus alrededores. Sin embargo, el pintor se interesa por la vanguardia, participando en el grupo "Garaje" de La Laguna, al que pertenecía también Pedro González, con tan sólo diecisiete años. El padre del artista no veía muy clara la afición de su hijo, pero no tuvo más remedio que acceder a ella. Sus primeras acuarelas fueron de tipo tradicional, exponiendo en los lugares más importantes de Tenerife: Círculo de Bellas Artes, Ateneo y Casino de La Laguna. En 1954, decide, como tantos canarios, emprender la emigración a Venezuela, otrora floreciente país, en esta década en donde la crisis económica se adueñaba de España; permanecerá en Caracas desde este año hasta 1960. Sus principios fueron difíciles, no encontraba trabajo, aunque posteriormente se empleó en industrias gráficas y delineación, realizando dos muestras individuales, casándose por poderes con su novia Lupe y naciendo sus dos primeros hijos en Caracas, el tercero ya lo haría en La Laguna. Pero, no se aclimataba al país y decide regresar a Tenerife. De nuevo vuelta a empezar. La pintura no daba para vivir, pero él dibujaba muy bien y las artes gráficas le sirvieron de nuevo para mantener a la familia hasta su empleo definitivo en trabajos de delineación en la Refinería tinerfeña. En Venezuela se había puesto en contacto con nuevas tendencias estéticas, y decide experimentarlas. La pintura sigue siendo su meta y, de nuevo, le abren sus puertas el Ateneo de La Laguna y el Círculo de Bellas Artes. Recibe un Primer Premio de Acuarela en la Regional de Mayo, en 1963 y, dos años después, el mismo galardón. En 1965, en la muestra "Variaciones sobre un mismo tema" comienza a abandonar la acuarela tradicional y, en 1966, con su amigo, el también acuarelista Manolo Sánchez, comienzan a realizar experimentaciones en el campo acuarelístico, que cristalizarán en una muestra conjunta en el Ateneo lagunero. En 1969, en la exposición "A la manera de", realizada en pequeño formato, nos ofrece dos versiones de su acuarela, la realista, con la que homenajea a los acuarelistas que le antecedieron y la abstractizante, que culmina en "Los siete sellos", que aluden a las visiones de San Juan Evangelista sobre el fin del mundo, en siete obras en un solo marco, realizadas a base de manchas de color. En cambio, en su muestra "Silencio", retorna a la forma para describirnos las ruinas del quemado convento de San Agustín. Del que sólo queda en pie la arquería. Estas series van unidas a la angustia y las dudas religiosas que embargan al pintor. En 1972, da el gran paso en la Galería Wiott de Las Palmas, exhibiendo su muestra "Antiacuarela", recibida jubilosamente por su prologuista Felo Monzón, gran pontífice de la vanguardia canaria. Consiste este procedimiento en emplear cartulina negra en vez de blanca y plasmar sobre ella manchas rojas, negras o amarillentas, o extrañas redes geométricas; es la negación de la acuarela. Prosigue por este camino, y una artista alemana se lleva su obra a su país natal, en donde se organiza la muestra "La habitación oscura", que obtiene un gran éxito. En 1973, obtiene el Tercer Premio de Acuarela en el Primer Salón Regional de la Acuarela. Su arte se va serenando al compás de sus muestras que se suceden, en la titulada "El rompecabezas. Pre, in, post", aúna la acuarela realista, la experimental y una intermedia entre lo abstracto y lo figurativo. En 1979, ingresa en e1 Grupo "Obsidiana", fundado por el también acuarelista Galarza, en el que se integraron Siro Manuel, Mario Baudet, González Bernáldez, Antonio Jiménez y el pintor de óleos Mazuelas; tenían el objetivo común de modernizar aspectos de la pintura, realizaron sólo dos muestras, pero en 1981, el grupo se disolvió. Desde su bello retiro norteño de Punta del Hidalgo, Raúl Tabares siguió pintando, salvo una pausa de dos años, debido a sus cataratas, que superó felizmente tras una operación, recibiendo el Primer Premio de Acuarela en 1992, en la Bienal del Ayuntamiento tinerfeño, que coincidió con una gran exposición en CajaCanarias, en Santa Cruz.

La obra del artista se circunscribe al paisaje. En un principio fue el tradicional, más tarde eligió el camino de la abstracción y de la "antiacuarela". Luego, regresó a una figuración desvanecida y muy bella, de mares y costas, de campos, de hierbas mecidas por el viento, de simas y hielos, con dominio de la pincelada curva. El cromatismo varía; en unas composiciones se emplean unos azules aperlados, que recuerdan a Turner; en otras, ocres muy suaves o tonos pasteles, en donde las transparencias se dominan totalmente, sólo el negro triunfa en la "antiacuarela", pero contrastado con estallidos de rojos, amarillos y dorados.

Las obras que se exhiben en el Puerto de la Cruz, son muy variadas, desde una marina realista, de tonos suaves, de 1970, a numerosas "antiacuarelas" y técnicas mixtas de su etapa abstracta, oscuras, geométricas, intuyéndose, a veces, vagamente algunas formas. También están dos obras de la serie "Silencio", con las ruinas de la iglesia de San Agustín, de suaves tonos ocres. Obras de los años 80, más figurativas pero muy modernas, en donde las formas se sugieren. Las últimas pertenecen al nuevo siglo y son contrapuestas: una es la chimenea del bello palacio de Lercaro, de tonos oscuros y con fondos de palmeras que recuerdan la "antiacuarela", en técnicas mixtas, y tres acuarelas de viento, mar y árbol solitario, de tonos muy suaves y formas desvanecidas.

* Académica correspondiente de Bellas Artes de San Fernando