CREO QUE NUNCA han necesitado tanto de nuestra comprensión como ahora nuestros familiares, amigos y tantos conocidos que viven, trabajan y luchan por ver reflotar a Venezuela. Aquellos que una vez, llenos de ilusiones, emigraron a ese país, casi todos buscando un medio de vida mejor; otros buscando aventuras. Y no pocos, huyendo... Entonces, el sacrificio de dejar atrás a sus seres queridos, sus vivencias pasadas, tantas cosas íntimas, sin saber a dónde les llevaría el destino, si no volverían, a veces fueron recompensados, a corto o largo plazo, viendo realizados sus sueños. Los más, trabajando duramente y ahorrando lo posible e invirtiendo esos ahorros en el lugar de origen o allá mismo. El fruto de tantos desvelos y sacrificios, sin detenerse a pensar en la propia salud, arriesgándolo todo para mañana tener algo, aquí, por ejemplo, y vivir más tranquilos la vejez, sin sufrir tantos apuros y agobios, como aquellos sufridos por muchos de sus antecesores. Otros en cambio, prefirieron quedarse allá para siempre, bien porque se sentían identificados con todo cuanto se relacionaba con aquella Venezuela atractiva y pacífica, acogedora y fraternal, inolvidable renglón de nuestra vida sentimental... Yo viví esos momentos entrañables en mi juventud. ¡Ay, aquella remota ciudad, monumental!... Así era mi Caracas y sus gentes maravillosas, sensual y generosa. Toda Venezuela era ideal para entender la vida como algo primoroso. Allí aprendí lo inimaginable y viví emociones irrepetibles, también aprendí a soñar y amar más a todo aquello que dejé atrás... Aquel país que fue una escuela para muchos de nosotros, no lo olvidemos nunca. Entre unos y otros, están aquellos que sus hijos formaron familia allá, luego los nietos, etc. Aquellos que tienen bajo tierra a sus seres queridos, en fin, corazones partidos suspirando y añorando tristemente a su terruño amado y a la vez atraídos por ese misterioso sentimiento de la gratitud...
Lo realmente triste es que, en la mayoría de los casos, de poco o nada les haya servido tantos sacrificios, dadas las circunstancias que hoy concurren. Que todos aquellos sueños se hayan roto para siempre, porque no serán ni más jóvenes para comenzar de nuevo, ni habrá las mismas oportunidades.
Todo eso lo entendemos y nos preocupa la suerte que han de compartir en tanto ""todo"" se normalice, en uno y otro sentido. Lo que sí estoy obligado añadir, es que no se desanimen, no abandonen, precisamente ahora, a nuestra Venezuela, va a ser en adelante cuando más va a necesitar de nuestra influencia. Al país hay que salvarlo entre todos, como fuera en un principio, cada cual desde su lugar, sin desfallecer en ningún momento. Tengamos fe en nuestros esfuerzos y sacrificios y démosle al pueblo, con sus defectos y virtudes, un generoso voto de confianza, a ver si nuestra Venezuela vuelve a ser lo que era.
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