España regresa con la plata, pero con la amargura de acabar perdiendo, de una forma clara y contundente además. La final fue una pesadilla, porque los lituanos se fueron pronto en el marcador y España nunca se encontró cómoda para rebajar las distancias, que fueron creciendo hasta los 21 puntos. Gasol y Navarro tampoco pudieron arreglar el desaguisado.
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