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Tres relevos


14/sep/03 21:43
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EL CURSO POLÍTICO se presenta con una verdadera concentración de convocatorias electorales: repetición de las autonómicas madrileñas el 26 de octubre; autonómicas catalanas el 16 de noviembre; y en primavera, en fechas aún no determinadas, generales y autonómicas andaluzas el mismo día, y que pueden coincidir, además, con las europeas, previstas también para antes del verano. Caben pocas dudas de que cada consulta popular habrá de tener alguna influencia en las siguientes, y condicionará también el comportamiento de los distintos partidos políticos. Por poner un ejemplo, la actitud del Gobierno vasco en relación con el plan separatista de Juan José Ibarretxe será una u otra según quién gane las autonómicas de Madrid, por una parte, y también según que Esquerra Republicana de Catalunya, el pequeño partido separatista catalán, sea o no bisagra en la Comunidad autónoma catalana. Y también dependerá de cómo se produzca la sucesión en la Presidencia del Partido Nacionalista Vasco, prevista para enero. Porque otra característica del momento político es, precisamente, el relevo de tres importantes personajes de la política española: José María Aznar, Jordi Pujol y Xavier Arzalluz.

El más longevo

De la sucesión de Aznar hemos hablado ya mucho, y se ha dicho prácticamente todo. Parece, pues, momento de prestar atención a los otros dos líderes. Jordi Pujol, presidente de la Generalidad de Cataluña y de la coalición Convergència i Unió, fundador de Convergència Democràtica de Catalunya, es, sin discusión, el político catalán más importante desde Josep Tarradellas, y uno de los más influyentes de España desde hace veinticinco años. Es, además, uno de los más longevos en el poder político, si no el que más, en Europa. Su influencia no se ha reducido al ámbito específicamente político, sino que ha calado en la vida social, cultural y económica de Cataluña desde mucho antes del advenimiento de la democracia.

Este hombre clave, modelo de otros políticos de todos los partidos en tantos aspectos de la práctica política, ha decidido retirarse, y esta semana se ha despedido formalmente de sus correligionarios políticos y del pueblo de Cataluña en general, agradeciendo a todos su ayuda, y encareciéndoles que conserven lo esencial de su legado. Un legado ciertamente controvertido, que a mi entender tiene como eje principal la preservación de la conciencia nacionalista catalana, a cuyo servicio ha puesto toda su actividad. Pujol, nacionalista catalán, querría la independencia de Cataluña, pero comprende que el marco español es, hoy por hoy, irreversible, en vista de lo cual su trabajo se ha centrado en impedir que desde el Estado la potenciación del patriotismo español anule el patriotismo catalán, por una parte, y en favorecer todo lo posible una futura Europa que incorpore a las "naciones sin Estado" del modo más beneficioso posible para sus respectivos intereses.

Pujol ha combinado notablemente el idealismo del patriota romántico con el más crudo realismo que le dicta en cada momento lo que es posible y lo que no es posible hacer o siquiera intentar. En cierto modo, su declive electoral de los últimos años es el resultado de su éxito rotundo en la catalanización de buena parte de la sociedad de Cataluña, especialmente de la inmigrada. El mensaje estrictamente nacionalista ha sido asumido, en una u otra medida, por todos los partidos presentes en aquella Comunidad, y eso ha activado su desgaste inevitable como gobernante. Ahora se retira habiendo señalado a su delfín, Artur Mas, de la generación siguiente a la suya y, como suele suceder en política, más radical que él mismo en sus formas nacionalistas. Lo que es todavía una incógnita es si Mas heredará también el carisma y, sobre todo, el realismo que ha adornado a Pujol hasta el último momento.

Un caso singular

Muy distinta es la sucesión del presidente del PNV, Xavier Arzalluz, que se presenta como lo más probable al término de su mandato en enero próximo. Mañana lunes termina el plazo para la primera presentación de candidatos por las bases del partido. Cabe la posibilidad de que todavía Arzalluz repita por un período más, pero si eso ocurriera sería, ciertamente, una gran sorpresa.

Xavier Arzalluz, un político complicado que se ha ido radicalizando a medida que ha pasado el tiempo (dicho sea entre paréntesis, este proceso es el habitual en los políticos de talante autoritario o despótico), y que ha preferido mantenerse en el cogollo del poder real, huyendo de las gratificaciones de la representación institucional. En el PNV está prohibido estatutariamente que los dirigentes del partido ostenten cargos de representación popular, lo que crea una situación bicéfala en caso de gobernar, cosa que ha sucedido ininterrumpidamente desde hace más de veinte años en el País Vasco, y no siempre la situación ha sido pacífica. Al enfrentamiento entre partido y Gobierno autonómico de 1986, siendo presidente del Gobierno vasco Carlos Garaicoechea (hoy Karlos Garaikoetxea) sucedió nada menos que una escisión en el partido que dio lugar al nacimiento de Eusko Alkartasuna; Arzalluz había ganado, pero el partido pagó un alto precio.

Arzalluz, al contrario que Pujol, no es hombre de unión, sino de división, no es de conciliación, sino de imposición. Eso se ha puesto de manifiesto sistemáticamente con los sucesivos "lehendakaris", Garaicoechea, Ardanza y, ahora, Ibarretxe, cuyo plan (ahora se sabe) no fue consultado con el partido, y ahora reina la tensión en el partido en estas fechas de renovación. Las semanas que vienen serán sumamente interesantes en el desarrollo de los acontecimientos en el PNV, que es una formación pequeña, pero que ha logrado convertirse en algo más que un partido: se trata de un movimiento, que se hace cargo de los militantes y sus familias de la cuna a la tumba en todos los aspectos de sus vidas, desde el laboral al social. Xavier Arzalluz se va, pero esta sucesión no está, ni mucho menos, ordenada y prevista como ha ocurrido con el Partido Popular y con Convergència.

Y está el factor ETA, que hace del caso vasco un caso absolutamente singular. El PNV mantiene una relación especial, oscura y difícil con la organización terrorista y su brazo político (Herri Batasuna, Batasuna, Euskal Herritarrok o Sozialista Abertzaleak, da igual, todos esos nombres designan la misma realidad). Repudia el terrorismo, hay que suponer que sinceramente, pero se beneficia de los frutos políticos del crimen. A Arzalluz se atribuye, con fundamento, la frase "unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces", metáfora transparente de la naturaleza de esta extraña relación. Arzalluz ha personificado durante decenios esta ambigüedad tremenda. Veremos qué ocurre cuando se haya ido.

ramon.pi@sistelcom.com

NO DESCUBRO nada a los lectores si les aseguro que el complejo portuario de la isla de Tenerife, en Santa Cruz de Tenerife, ha perdido la carrera del transporte marítimo internacional en el Atlántico hace muchos años, hace décadas. Puertos como Agadir y especialmente el puerto de La Luz y Las Palmas encarnan entre otros hoy ese liderazgo en esta área oceánica. Y la razón es simple: el puerto de Santa Cruz no reúne condiciones para acoger a los grandes buques de mercancías, de 300 metros de eslora y que precisan diques con un calado de 14 a 16 metros. Ante esta realidad, caben dos opciones: permanecer de brazos cruzados o plantearnos la posibilidad de un gran puerto comercial.

Aunque son muchas las opiniones que se han vertido en estos días acerca del futuro puerto comercial de Granadilla, entiendo que al menos existe un punto claro de coincidencia: Tenerife no cuenta con el puerto que necesita. Es verdad, una isla no puede prescindir de una infraestructura portuaria de primer orden y menos una isla como la nuestra, la más poblada de Canarias y con una capacidad de crecimiento notable. Es así de sencillo.

Ante esta realidad, unos proponen actuar sobre el puerto de Santa Cruz para adecuarlo al tráfico actual y otros apuestan por construir en Granadilla, completando el gran nudo económico que conforman ya el aeropuerto, el polígono industrial y la central térmica. En cualquier caso, todos coinciden en que así no podemos seguir.

El proyecto que está hoy sobre la mesa plantea la construcción de un gran puerto comercial en Granadilla. Estamos hablando de una infraestructura que garantice las necesidades portuarias de Tenerife no para los próximos 15 años sino para todo el siglo XXI. Además, este proyecto no debe verse sólo desde el punto de vista del municipio de Granadilla, sino del conjunto de la isla, puesto que está pensado para toda la isla.

Me parece que con frecuencia reducimos el debate y así lo hacemos imposible. Yo creo que el puerto de Granadilla será una respuesta para todo Tenerife que de forma directa beneficiará económicamente tanto al municipio sureño como a Santa Cruz de Tenerife e indirecta al resto de la isla y a las demás islas de nuestra provincia. No es un debate sólo de Granadilla, ni sólo de Santa Cruz, es un debate, un desafío del conjunto de la isla.

Si Granadilla se beneficiará enormemente, no menos lo hará Santa Cruz. La capital, todos lo saben, no cuenta precisamente con mucho suelo disponible. Yo creo que el proyecto de Granadilla permite a su vez replantearnos el futuro del puerto de Santa Cruz, con una intervención potente semejante a las que han aplicado capitales como Barcelona y Lisboa. Yo no quiero que desaparezca el puerto de Santa Cruz, sencillamente quiero otro puerto distinto, que genere economía, sin duda, pero que también permita a la ciudad el reencuentro con el mar (y eso también es economía). Ese es el ejemplo de Barcelona y los resultados saltan a la vista.

Por tanto, el proyecto que está hoy sobre la mesa es en realidad una oportunidad económica de futuro para Granadilla, para Santa Cruz y para el conjunto de la isla. Ahora bien, es imprescindible que el debate se abra plenamente a la sociedad, que nos informemos y conozcamos con exactitud las ventajas e inconvenientes que cualquier proyecto de esta magnitud tiene. Y que, finalmente, sepamos responder a la pregunta de si tenemos que apostar por un modelo portuario complementario entre Granadilla y Santa Cruz que garantice las necesidades de todo Tenerife a lo largo de este siglo.

* Presidenta del Partido Popular de Tenerife

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