MAÑANA LUNES nos desayunamos con la misma noticia: el número de muertos en nuestras carreteras el fin de semana. Se siguen matando los jóvenes, el mayor tesoro que posee una sociedad y un padre. Las cifras son espeluznantes. En los últimos tres meses de verano hemos alcanzado la cifra media de 14 muertos diarios en las carreteras españolas. El gasto sanitario y social es ingente, con una tendencia al alza imparable, por falta de convencimiento del buen ciudadano al volante.
Y lo más peligroso para una familia: la edad en que los hijos quieren ser motoristas y ponen su máquina a tope. Conocemos, Pepe Ignacio, a un amigo médico traumatólogo que logró disuadir a sus hijos de las motos, llevándolos con él a las guardias de urgencias del Hospital, para que vieran las consecuencias de los accidentes de moto.
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No basta con vigilar el cumplimiento de las normas del Código de Circulación. No basta con vigilar la cantidad de alcohol en el organismo de los conductores sólo ciertos días de la semana. No hagamos trampas en las causas del máximo riesgo para la vida y la salud de las personas que usan los vehículos, cuando hemos superado el récord de que los accidentes de tráfico son la mayor causa de muerte por debajo de los 37 años. Es una ingente labor multidisciplinar que tenemos por delante.
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Nuestras carreteras son mejores. Es decir, permiten ir más deprisa.
¿Qué sentido tiene fabricar coches que alcanzan 200 km/h. de velocidad con 200 a 400 C.V. de potencia si ya en USA, muchos de sus estados, tienen legislado y muy penalizado no sobrepasar de los 85 km/h.? En varios países europeos sólo se puede sobrepasar los 120 km/h. en las verdaderas autopistas, que no son desde luego lo que aquí llamamos familiarmente Autopista del Norte y del Sur, que son simples autovías.
Nuestros conductores son afortunadamente cada vez más viejos, pero tienen menos capacidad para reaccionar en un cruce o en una curva. Los conductores jóvenes y no tan jóvenes desconocen, porque no son pilotos de competición, lo que significa conducir en situaciones adversas, es decir cuando el coche patina y derrapa sobre las ruedas de atrás, por el agua o por cualquier sustancia deslizante en el pavimento de una curva. Somos incapaces en muchos casos de controlar un vehículo en una frenada urgente, en deslizamiento, ante la frenada súbita del vehículo que va delante, ante una imprevista maniobra por la aparición de un obstáculo parado o en movimiento contrario al nuestro. Nadie nos ha enseñado a esto.
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¿Quién garantiza el mantenimiento de la red viaria? Grasa en el pavimento, arena en una curva, piedras, salida de vehículos a una recta que invita a correr, mala visibilidad en un cruce aunque tenga señal de stop, guaguas, camiones y más camiones que no señalan lo que hay delante de ellos... y que pocos guardan la distancia reglamentaria del vehículo que les precede. ¡No basta con echarse las manos a la cabeza y decir que esto hay que arreglarlo!
Al parecer, según las cifras, el exceso de velocidad es una de las principales causas de los accidentes. Hace un par de años, en el verano de 2001, recordarás, Pepe Ignacio, se sucedieron numerosos accidentes mortales con motos acuáticas en las costas españolas que motivó un intenso debate nacional y la decisión para disminuirlos fue inmediata. Recuerdo una interesante colaboración de ATAN, publicada en EL DÍA sobre "El uso y abuso de las motos de agua" por parte de algunos desaprensivos y la escasa legislación que había sobre ello.
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Nuestros políticos se pusieron manos a la obra y la primera decisión fue fulminante: disminuir por ley la potencia y velocidad de las motos acuáticas desde su fabricación, así como normas para su correcto uso. Y los números cantan. No se han erradicado completamente, pero el porcentaje de accidentes ha disminuido de forma muy acentuada.
Permítenos, Pepe Ignacio, pedir a los políticos que con la misma rapidez que hicieron la ley para las motos acuáticas hagan otra que obligue a limitar la velocidad de los automóviles a un máximo de 120 km/h. y que se cumpla, así como actualizar la obsoleta normativa que hoy impide a las autoridades de tráfico y a la DGT tener acceso informático a las compañías de seguros para la obtención de datos sobre tantos miles de irresponsables que impunemente circulan en sus ciclomotores y vehículos de cuatro ruedas sin su seguro obligatorio, con el consiguiente desamparo frente a otros conductores y a las víctimas de los accidentes. ¡Pero háganlo ya y evitemos más muertes!
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