CANSADOS DE TANTA POLÍTICA, el comentario analiza otro ámbito: la violencia en el deporte. Un aspecto que ya tratamos hace semanas en este mismo rincón. La historia se repite, por eso es necesario insistir: ¿qué está pasando para que cada fin de semana se registre alguna pelea en una cancha? Ejemplos hay demasiados y en las más variadas modalidades deportivas, aunque el fútbol protagoniza la mayoría de esos sucesos.
Qué triste ver a jugadores que, al mí-nimo roce, se encaran, insultan y agreden. Entre ellos o con el árbitro. A veces desde la grada, donde las amenazas son iguales o mayores. Lo grave es que eso empieza a ser habitual en categorías inferiores: niños de 9 años embroncados, mientras los familiares se encaran con los rivales hasta, incluso, llegar a las manos.
Qué pena escuchar: "Te conozco y el próximo partido te partiré la pierna!". La frase es de un joven que milita en un equipo de aficionados y que estaba arrestado por una agresión anterior. "¡Cuando salgas te voy a matar!", eso vociferaba, con otras fuertes palabras, un espectador de unos 40 años contra un colegiado que arbitraba otro encuentro no federado.
La situación es alarmante. ¿Cómo detener esa locura colectiva? Las Fuerzas del Orden Público no pueden dedicarse a ve-lar por la seguridad de los cientos de partidos que se disputan en la Isla cada sá-bado o domingo. Simplemente, porque no hay efectivos suficientes. Tampoco se-ría oportuno suspender por completo to-das las competiciones. Entonces, ¿qué hacer? De inmediato, endurecer los castigos hacia los que no sepan controlarse y más a los reincidentes. Luego, a largo plazo, replantearse la educación de nuestros hijos. En los colegios, en los entrenamientos y, sobre todo, en las casas.
Está claro que la violencia llega por de-masiados lados: al conducir, al ver la televisión... También queda patente que la mayor responsabilidad es de los padres, como igualmente valioso ha de ser el pa-pel que las administraciones y los medios de comunicación tienen que ofrecer.
O lo arreglamos, o acabamos a trompadas en cualquier momento y por cualquier motivo. Esa es la otra jornada de reflexión que ha de plantearse cada uno según sus circunstancias. Si no, los campos de juego, las calles y las ciudades se convertirán en junglas y todos sufriremos la tiranía de los salvajes depredadores.
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