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La envidia como recurso


25/may/03 21:31
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EN OTRA OCASIÓN dedicamos unas reflexiones a la envidia considerada, desde el punto de vista general, como un aspecto del comportamiento humano. Se podría decir, para nuestro disgusto, que este asunto mantiene su vigencia hoy, por no decir incluso que ésta se ha incrementando.

De la misma manera que se dice que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, se podría añadir que algunos de sus ciudadanos hacen gala de los sentimientos que se han labrado a lo largo de los años.

¿Qué queremos decir con esto? Pues que el estado anímico de la población es algo así como un fruto que madura poco a poco al amor de una lumbre que todos alimentamos, particularmente los que deciden sobre los destinos de grupos y comunidades de personas.

El afán de superarse personal y profesionalmente anima a muchas personas cada día en su vida particular y en su trabajo. Sin embargo, estos luchadores anónimos no encuentran casi nunca la respuesta lógica a sus esfuerzos, que sería la de ser compensados con agradecimiento y satisfacción. Más bien al contrario, porque en la mayoría de los casos la lucha por el perfeccionamiento es mirada como un auténtico atentado por esa clase de personas que utilizan la envidia como recurso.

Esto es así porque quienes son envidiosos como respuesta al deseo de mejorar de otros, usan semejante sentimiento como un recurso, casi como un arma arrojadiza. De hecho, completan la jugada inventando mentiras y patrañas con el fin de justificar su envidia y, a la par, hacer daño al envidiado.

Y ponemos en relación este sentimiento particular con el otro más general al que nos referíamos al principio, que llega a afectar a poblaciones enteras, porque se comporta como un virus de esos de alta capacidad de contagio, creciendo el número de afectados ?de envidiosos de este caso? de forma geométrica, y llegando a caracterizar el comportamiento de grupos amplios de personas.

No queremos con ello caer en el error de decir que los canarios son envidiosos, ni mucho menos (la envidia no es privativa de grupos o naciones determinadas), pero sí nos gustaría llamar la atención sobre lo lesivo que este sentimiento puede estar siendo para esta Comunidad.

Cuando un grupo importante de personas (que pueden ser miles o cientos de miles) adopta la actitud de superación como algo básico en sus vidas suelen alcanzar lo que se proponen. Y, generalmente, la envidia no encuentra cobijo en su forma de ver las cosas, al ser un sentimiento negativo y destructivo.

Pero también puede suceder lo contrario: que sea la envidia la que prepondere, resultando condenados a la persecución todo el que destaque, sobre todo en el trabajo. Así, a muchos les cuesta sobrevivir cada día, dedicando no pocos esfuerzos a no destacar demasiado, a no hacer las cosas excesivamente bien, porque ello atraería sobre sus personas la envidia de otros ?entre los que pueden estar algunos jefes?, la persecución, e incluso la pérdida del puesto de trabajo.

Si esto sucede con alguna frecuencia, y todos conocemos casos, es señal de que la sociedad está enferma. Por eso decíamos anteriormente que entre muchos canarios hay una sensación de que no se están haciendo las cosas bien o, mejor dicho, no todo lo bien que se deberían hacer. Y esta clase de sensaciones terminan por convertirse en un lastre.

Es cierto que en el mundo tiene que haber de todo, pero que se llegue a tolerar al envidioso, que usa semejante recurso sólo para ocultar sus propias deficiencias, dejándole que cree escuela de su comportamiento, es algo que habría que combatir como si se tratase una enfermedad letal.

Resulta inadmisible que grandes personas y mejores profesionales se tengan que disfrazar cada día de gris, de seres anodinos, para no atraer sobre sí las iras de los envidiosos que tienen como único objetivo el amargarles la vida. Es una pena, igualmente, que el envidioso no trate de erradicar esa mala costumbre en su comportamiento, que sin que se dé cuenta lo va inhabilitando para albergar otros sentimientos más positivos, y termina por convertirle en alguien detestado hasta por su entorno inmediato.

Sería un buen ejercicio que en Canarias se adoptara un sentimiento nuevo como característica regional: el del afán de superación, y que se le convirtiera en bandera de todos los canarios. Con ese solo fundamento, los miembros de esta Comunidad experimentarían una especie de limpieza personal interna que, sin duda, se extendería a todos los ámbitos de la vida en las Islas.

Tal vez es esto lo que necesitamos para quitarnos de encima la losa que nos están suponiendo tantos envidiosos apostados por doquier. Porque estos inútiles disfrazados de víctimas torturadas son un lastre insostenible si queremos mejorar como decimos. Hay que combatir por todos los medios que se use la envidia como el recurso de los ineptos y de los vagos, y poner de moda el trabajo bien hecho, la responsabilidad y la honradez. Nos va en ello más de lo que creemos.

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