DESDE LA GUERRA DE VIETNAM los militares norteamericanos aprendieron una dolorosísima lección: no subestimar al enemigo y cuando se va a la guerra, se va con todo lo que tienes desde el principio. Es pronto para extraer conclusiones definitivas pero sí podemos plantear algunas interrogantes sobre el planeamiento de la operación "Libertad iraquí". La administración Bush no se ha caracterizado por sus aciertos a la hora de afrontar la batalla contra el régimen de Sadam Husein. Las declaraciones públicas de relevantes funcionarios de Washington ofrecieron una versión grosera y torpe sobre las intenciones "políticas y económicas" con el futuro de Irak. La gestión diplomática en las Naciones Unidas, en concreto sobre la posición de Francia y su veto en el Consejo de Seguridad, fue un enorme error de cálculo del secretario de Estado, Colin Powell. Un general metido a diplomático, como es habitual en Estados Unidos, que sufre los reproches de algunos compañeros de gabinete por el retraso sufrido. Pero más aún, arrecian las críticas por la "traición turca" que ha impedido completar la operación militar norte - sur como estaba previsto. La presión sobre el régimen de Sadam no es lo mismo pero, no sólo por la falta de una ofensiva más fuerte por el norte, sino porque la movilización de tropas aliadas puede resultar escasa. Sorprende que hace doce años para desalojar al ejército iraquí de Kuwait se concentraran el doble de efectivos humanos y materiales. Ahora se dice que el avance de la tecnología suple este desequilibrio aunque el territorio iraquí tenga una extensión veinte veces mayor que Kuwait. Además, la invasión tiene que "convencer" a 23 millones de habitantes, muchos de ellos no lucharon por mantener el Kuwait ocupado pero sí pelearan hasta la muerte por defender su casa.
Incrementar el número de soldados y aviones se puede hacer sobre la marcha aunque no siempre de buen resultado. Convencer a los iraquíes para que reciban con los brazos abiertos a los marines libertadores parece más complicado. Hay muchas diferencias entre los planes del Pentágono y el polvo iraquí.
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