ANTENA 3 HA ESTRENADO una nueva serie: "24", un producto norteamericano (de la Fox) que protagoniza Kiefer Sutherland y que viene avalado por un premio Emmy, un Globo de Oro y dos Golden Satellite. El éxito de "24" en los Estados Unidos ha sido muy notable. Eso, en principio, no quiere decir gran cosa en cuanto a sus posibilidades de éxito en España, porque aquí han llegado productos excelentes, como "Urgencias", que han llevado una vida lamentable. Pero en esta temporada han aparecido fenómenos como el de "CSI" que han vuelto a levantar las expectativas de los buenos productos americanos, al paso, por cierto, que los productos españoles experimentaban un sensible descenso de calidad.
Para saber si "24" conocerá un éxito semejante al de "CSI" - o, al menos, suficiente para sobrevivir con decoro - habrá que esperar cuatro o cinco semanas. Lo que ya se puede decir es si la serie es buena o es mala. Y es muy buena, evidentemente. Tiene interpretaciones bastante convincentes, su puesta en escena es espectacular, está dotada de esa atmósfera metálica y oscura que tanto parece gustar últimamente, la intriga está narrada con gran tensión y los efectos especiales son de primera categoría. Uno de los trucos esenciales de "24" es el juego con el tiempo: al espectador se le relata un hecho que ocurre en "tiempo real", con reloj incorporado sobre la pantalla; no se trata del "tiempo real" del espectador, sino del de la historia, pero la argucia es suficiente para comunicar al espectador un desasosiego inagotable, que crece a medida que pasan los minutos y que podría terminar sacándolo a uno de quicio si nos tomáramos demasiado en serio la historia.
Su mayor punto flaco, desde mi punto de vista, es lo excesivamente rizado del argumento: una superagencia de investigación trufada de agentes dobles y triples que ha de desactivar un atentado maquinado por una trama de sicarios que actúan al mismo tiempo a favor y en contra de sí mismos, y cuyo objetivo es un político que a su vez guarda secretos inconfesables, todo ello mientras un par de lémures secuestran a la hija del policía de la superagencia que ha de desenmascarar a sus traidores para capturar a los terroristas y salvar al político, todo ello sin perder de vista lo de su hija. Como, además, la cosa está narrada a velocidad de vértigo, lo asombroso es que el protagonista no haya perecido de un infarto en el primer episodio. En todo caso, vale la pena verlo, con moderación.
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