EFE, Naciones Unidas
Francia, China y Rusia, miembros del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto, mantienen su oposición a una segunda resolución de la ONU pese a la enmienda presentada por el Reino Unido, que París interpreta como un ultimátum.
La nueva redacción presentada ayer por el ministro británico de Exteriores, Jack Straw, establece el 17 de marzo como la fecha límite para el desarme total de Irak.
La noticia de que Reino Unido estaba dispuesto a enmendar el proyecto de resolución siempre que fuera "para mejorarlo" generó algunas esperanzas, que se vieron rápidamente frustradas por el plazo propuesto para que Irak demuestre que cumple sus obligaciones, sólo diez días.
Los representantes de los gobiernos de París, Moscú y Pekín encontraron argumentos en el último informe sobre el desarme para defender su posición de continuar con la vía diplomática hasta agotarla. A ellos se unieron las voces de Alemania y Siria.
Sin verdad absoluta
El ministro ruso de Exteriores, Igor Ivanov, resumió la percepción de esos países al decir que por primera vez "estamos asistiendo a un verdadero proceso de desarme de Irak" y que lo que se necesita no son nuevas resoluciones sino "pleno apoyo a los inspectores".
Ivanov hizo un llamamiento a la unidad del Consejo de Seguridad en la presente crisis - algo a lo que también apeló su colega chino, Tang Jiaxuan - y estimó que "nadie puede reivindicar que está en posesión de la verdad absoluta".
En su intervención ante el Consejo y en declaraciones posteriores a la prensa, el ministro francés de Exteriores, De Villepin, anunció que su país "no permitirá que se apruebe una segunda resolución que autorice el uso automático de la fuerza" contra Irak.
Francia estaría de acuerdo en "establecer un calendario" para las inspecciones, pero no acepta un ultimátum de unos días porque "no sería más que un pretexto para la guerra".
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