DAVID CONOCE EL FÚTBOL y sabe perfectamente como se vive en las victorias y de que manera cambia todo en las derrotas. A David no se le va a subir el éxito a la cabeza. Y aunque parece simple, esa es una de las principales virtudes que puede tener un entrenador. Hay pocos técnicos que manejen bien estas situaciones.
El Tenerife va a vivir una semana de euforia, muy sana para el entorno, necesaria para dar calor al equipo y productiva para poder llenar el estadio cuanto antes, pero desde el punto de vista futbolístico, instalarse en una desmesurada corriente al optimismo no es del todo aconsejable, porque el jugador se vuelve desafiante y pierde intensidad.
El Tenerife está muy unido, ofrece plena sensación de conjunto, trabaja solidariamente en el terreno de juego y ha encontrado un entrenador que ha sido capaz de sacar de cada uno lo mejor que puede dar. Es un verdadero armador de puzzle. Pero la clave de este cambio, además del acierto táctico de David, radica en el espíritu que le ha inyectado el entrenador a los jugadores, que entrenan como fieras y que juegan como entrenan. Amaral ha formado un bloque y lo ha puesto al máximo rendimiento.
Esa intensidad es la llave que abre todas las puertas para este Tenerife. Está bien que el entorno enloquezca, pero el equipo debe conservar la humildad que tiene ahora.
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