Para algunos, como les sucede a los vecinos consultados por
EL DÍA en la calle de La Noria, se trata de una actividad que contribuye a dar vida al barrio, aunque agradecerían que se pusieran unos horarios y respetara el descanso; para otros, que residen frente al mercado de barrio de La Salud, la situación es insostenible, hasta el punto de que algunos han llegado a vender sus viviendas unifamiliares en busca de tranquilidad. "Esto no sólo es en Carnaval; aquí (refiriéndose a los locales de en frente de su casa) hay tenderetes todo el año". Tal es el grado de desagrado con esta situación que, por temor a represalias, los entrevistados en La Salud prefieren guardar su anonimato.
Tanto La Noria como La Salud son los dos centros neurálgicos del pre - Carnaval. En los aledaños de la torre de La Concepción ensaya la afilarmónica Ni Fú - Ni Fá, las rondallas El Cabo, la Peña del Lunes 1965 y la Masa Coral Tinerfeña, las murgas Diablos Locos, Mamelucos, Triqui - Traques, Las Que Faltaban y Ni Pico - Ni Corto, y las infantiles Triqui - Traquitos y Mamelones.
Precisamente, pegado a la sede social de Los Mamelucos, la Casa del Miedo, vive, desde hace más de 40 años, el presidente de la asociación de vecinos de La Noria, casi frente por frente a la Peña del Lunes y por debajo de Triqui - Traques. Don Víctor no tiene reproches ni para este grupo ni para el resto de los que ensayan en el lugar. "Aquí, en Mamelucos, son personas muy educadas. Es más, nos interesa que haya gente por este lugar para que le den vida a la calle".El presidente de la asociación aprovecha para recordarque el alumbrado público colocado en la zona es tan antiestético como poco eficaz, pues casi se camina en la penumbra y eso contribuye a dar inseguridad a la zona. Aunque reconoce que otros conciudadanos se han quejado por las molestias provocadas por la agrupación musical Sabor Isleño, llegada al vecindario hace un año y que ocupa una casa antigua en la esquina de La Noria con la calle de Candelaria, don Víctor explica que "la falta de ventilación les obligada a abrir las puertas y ventanas, como sucedió hace tiempo en Triqui - Traques". Quizás, lo más que le molesta es cuando la juventud hace una fiesta y deja todo tirado en la calle. El colmo de un murguero Quien quisiera buscar el chiste fácil, quizás lo encontraría en el hogar del presidente de la asociación de vecinos de La Noria: El colmo de un murguero es vivir al lado de una murga. Una frase que muchos han escuchado como reproche de parte de su pareja, que les demandan más atención durante el pre - Carnaval, cuando se intensifican los ensayos y que fue una realidad en el hogar de Paquita Rodríguez, esposa de don Víctor. Ella fue la directora artística de la primera murga femenina de Santa Cruz en el Carnaval, Las Atrevidas (1987), quizás por eso entienda el esfuerzo, y admire y respete la entrega de sus vecinos murgueros. "Yo no los siento, no les puedo coger las letras. Alguna que otra vez incluso les he dicho que dónde están ensayando, porque no los he oído. Claro - explica - , como la casa es tan grande, ocupan las dependencias donde menos molestias ocasionen". Pese al buen trato con sus vecinos, doña Paquita dice a boca llena: "Para mí, la murga que yo admiro por su trayectoria y porque canta lo que creo que tiene que cantar es Diablos Locos". Frente al Organismo Autónomo de Fiestas y pegado a Sabor Isleño viven Luis y Antonia Armas. "Estamos hasta las narices", dicen directamente cuando se les pregunta sobre si molestan o no los grupos del Carnaval. Luego, en la conversación, lo único que piden a los grupos es "una tregua de silencio" para poder descansar, pues realmente están indignados porque cada vez que hay una fiesta cortan la calle de La Noria. Más que los ensayos, lo más que les molesta es cuando, en mayo o agosto, utilizan los locales de ensayo para celebrar un cumpleaños o un bautizo. "Desde luego, si les faltaran componentes a los grupos de aquí al lado nos pueden llamar, porque nos sabemos las canciones", dicen con ironía. Pero prefieren los ruidos a vivir en medio de la inseguridad... "¡Aquí ya sabemos que si alguno gana un premio tenemos cabalgata para arriba y para abajo a las 4 de la mañana!", cuenta doña Antonia. Justo en frente de Sabor Isleño, en la esquina de abajo, vive doña Evelia. "Aquí nacieron mis tres hijos", cuenta. "Sólo he tenido problemas con Sabor Isleño, que con las batucadas no se puede aguantar. Antes tenía alguna diferencia con Diablos, pero desde que está el hijo del señor (Tom Carby) todo es mucho mejor". Sin embargo, doña Evelia está más preocupada por la prostitución y la drogadicción que por las molestias de los grupos. "El otro día estaba para dentro lavando y escuché unos estruendos. Me asomé a la ventana y, debajo, estaba una hilera de chicos jóvenes con tambores". Al margen de ese episodio, ella demanda presencia policial porque "la juventud se está echando a perder. Por la mañana, cuando entra un coche para bajar la compra a su casa, pasa la policía y te multa; por la noche, cuando están las chicas allí (debajo de la torre) y otro pinchándose no se les ve". Una pesadilla de 15 años El grado de aceptación de los grupos del Carnaval por parte de los vecinos no es tan positivo en La Salud como en La Noria. Ya sea porque casi se duplica el número o porque estaban acostumbrados a una tranquilidad que quedó en el olvido cuando en 1988 comenzaron a asentarse en el lugar los primeros colectivos festivos, lo cierto es que para quienes viven frente por frente la situación es insostenible. Hace años presentaron más de doscientas firmas de vecinos protestando por la situación. Es curioso, están más disgustados con el uso que algunos le dan al local cuando no se emplea para ensayar. "Aquí algunos lo utilizan como si fuera una terraza de verano. Vienen, hacen sus asaderos y están de risas y fiestas hasta las 4 o las 5 de la madrugada. Sé que hay quien los ha alquilado hasta para grupos de rock. Aquí no hay quien duerma, ni con tapones en los oídos ni con pastillas". Por si fuera poco, creen que su calidad de vida se ha diezmado notablemente en los 15 años de ocupación carnavalera del mercado. "Si llegas por la tarde tienes que aparcar en la avenida Venezuela para subir a su casa, aquí en el mercado". "Me gustaba el Carnaval, pero me tienen desquiciado ya", asegura un vecino que, por temor a represalias, prefiere guardar su anonimato. "Aquí al lado vendieron hace tres semanas una casa porque el dueño estaba hasta las narices de tanto ruido; el de allí encima (señala a un bloque de la calle Príncipe Ruymán) se fue y lo alquiló, pero no sé qué será peor, porque ahora se dedica a poner a primera hora de la mañana la radio a tope..." El grado de desacuerdo con los grupos disminuye según se aleja uno de la zona del Mercado. Así, casi en el paso de peatones de la calle Guía de Isora, dos señoras departen en su terraza. Aseguran que llevan viviendo 40 años aquí. "Los ruidos aquí no son para tanto, mientras no se pasen de la raya... además, ¿no soportamos también los ruidos de las guaguas?".© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD