LOS SIENTO, la promesa de un mes comiendo adecuadamente para compensar el exceso navideño se está desmoronando con un mal soufflé fuera del horno. El fin de semana andaba haciendo tiempo para ir al cine a última hora, y recordé la recomendación de un amigo sobre un restaurante en el norte de la Isla con comida casera, y me dirigí, cual obelix, a dar cuenta de unos platillos. La primera impresión no fue nada buena: restaurante vacío, televisor encendido a toda mecha, encima perdía el Barça, y dos maquinitas tragaperras con luces a todo meter. Pero nada, cenar había que cenar. Unos minutos hablando con el cocinero, dueño y camarero, muy cordial y hábil en el cuerpo a cuerpo, hizo que nos decidiéramos por unos pimientos de piquillo salteados (de bote) con ajos, correctamente elaborados, aunque con excesiva presencia de azúcar en la cocción, que al parecer se usa para no repetir el citado pimiento. Completamos los entrantes con un foie de oca (también de lata) con tostadas calientes, que entretuvo la espera del plato principal. Dos bacalaos, uno "a la llauna" y otro "a la vasca", se presentaron en la mesa, ambos con la falta de un punto de desalado, si bien, el producto era de gran calidad: grueso, blanco y con cocción justa. El primero estaba cocido con aceite y pimentón, algo fuerte y sobrado de salsa, y el segundo presentaba exceso de pimiento choricero o ñora, que mataba cualquier otro sabor, si bien mostraba maneras que si mejoran con el tiempo triunfarán. Unas cuantas botellas de agua y una película dura y triste nos ayudaron a hacer la digestión antes de irnos a la cama a la espera del día siguiente. No dio esta experiencia para más, si bien la relación calidad precio es muy buena. Todo sea dicho.