1.- Coincide Paulino Rivero conmigo en que el Gobierno de Aznar no ha controlado la inmigración ilegal, no ha propiciado soluciones para cortar de raíz la inseguridad ciudadana y en estos temas mantiene a Canarias al garete. Sostiene Paulino Rivero, presidente de Coalición Canaria, que sólo ahora se han asustado un poco los del Gobierno de Madrid y un secretario de Estado para la Seguridad ha recibido el encargo severo de montar un plan integral para acabar con las mafias de la inmigración, para ampliar las dotaciones de policías y guardias civiles que garanticen nuestra seguridad y para desplegar la Armada por las aguas canarias y así disuadir a los patrones de las pateras de que salgan de las costas africanas; o, en su caso, para obligarles a dar la vuelta en el mar, si no hay riesgo para las vidas de sus ocupantes. Y todo esto va a contar con un mando único.
2.- Han tardado las soluciones, pero parece que van a llegar. En Lanzarote, cientos de colombianos sin oficio ni beneficio se apalean entre ellos todos los días y a veces extienden sus apaleamientos a la confiada población autóctona. En el Sur de Tenerife, trileros rumanos de condición perversa estafan a los turistas; en cualquier parte, bandas de argelinos desvalijan a los incautos; en El Fraile se vende la droga en la calle y los marroquíes obligan a bajar de las aceras a las mujeres que se cruzan con ellos, a veces a empujones. En otros lugares de la isla, incluida Santa Cruz, los de la manta -que a mí me caen simpáticos, aunque no comparta su actitud- despliegan su mercancía rivalizando ilegalmente con las tiendas de discos. Se trata de senegaleses, costamarfileños, guineanos, malgaches, keniatas, gambianos y demás. Han llegado en pateras y por puertos y aeropuertos y si no se dedicaran a robar, a estafar, a vender discos falsificados y a colocar bolsos de imitación entre los turistas, morirían de hambre.
3.- Santa Cruz contempla, horrorizada, esta avalancha de delincuentes, entre muchas personas buenas y decentes. Delincuencia e inmigración ilegal están íntimamente relacionados. En la cárcel tinerfeña, en la que caben 900 personas, se hacinan 1800. Y muchas más llegarán a ella dentro de un par de meses, con las reformas por capítulos del Código Penal. Pero parece que ahora, tras la reunión de Madrid, las cosas van a cambiar. Qué sería de nosotros si el Cabildo de Tenerife no hubiera regalado coches y motos a la Guardia Civil. Y qué sería de nosotros si algunos ayuntamientos no le pagaran el combustible para que circulen esos coches y esas motos y para que sus dotaciones atiendan al ciudadano. El otro día contamos que agentes municipales de La Laguna no pudieron perseguir a unos ladrones peligrosos que habían atracado dos bancos porque no llevaban armas reglamentarias. Hombre, yo creo que la Guanchancha, o policía autonómica, no es necesaria, pero que estos verdinos de Madrid tomen conciencia de lo que ocurre en Canarias sería una buena cosa. Canarias no debe ser el culo del mundo para España, sino una región como las demás. Vamos a dar unos quince días de margen, que es lo que le pidió el secretario de Estado a Paulino Rivero, a ver si esta vez el PP nos vuelve a meter un gol o se da cuenta de la triste y superpoblada situación de las islas.
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