CADA MAÑANA salgo de mi casa a darme un garbeo por la ciudad. Seguramente como otros centenares de ciudadanos a quienes la oficina no les reclama ya como antes, pues aunque mantengan una mínima actividad laboral - masónicamente habría que llamarla una actividad "durmiente" - , pueden desarrollar ésta cómodamente, a cualquier hora del día y sin el control de un reloj. Decía que doy un garbeo por la ciudad y observo las cosas que se han hecho bien por el Ayuntamiento y las que merecen la calificación de suspenso. Una de estas realizaciones de suspenso es, en la calle de Emilio Calzadilla, la acera de la derecha, según se baja, entre las calles de San Juan Bautista y San Francisco. Han hecho una auténtica chapuza, y además una chapuza peligrosa. Allí cayó el lunes último un amigo mío, que necesitó de asistencia sanitaria.
Lo que hay allí, en el lugar señalado, no es una acera, sino unos escalones, que, por lo visto, tienen unas medidas inadecuadas, por lo que las personas mayores, que ya se sabe que no calculan bien, si no se andan con mucho ojo, pueden dar con su maltrecho cuerpo en uno o dos de aquellos escalones. Al parecer, caen como moscas, y eso fue lo que le sucedió a mi amigo, el cual me cuenta que al momento oyó una voz que salía de una ventana y le decía: "¡Caramba, qué pena! Que yo les aviso a todos los que van a caer y en ese momento suyo había ido a tomar agua". Es decir, que ya hay un vecino que se ha tomado la cívica obligación de avisar a los posibles "cayentes".
Bien, pues mi amigo fue ayudado a levantarse y como se había raspado el brazo derecho y sangraba, fue al ambulatorio de la calle de Ruiz de Padrón, donde dijo lo que le pasaba y le indicaron que se pusiera en la cola. Como la cola era muy grande, el herido mostró su brazo, y le repitieron: "Sí pero a la cola". El hombre miró ésta de soslayo, calculó lo que tenía que esperar, cogió su petate y se fue a una farmacia. (Debo aclarar que eso de que "cogió su petate" es una metáfora, no vayan a creer que mi amigo iba con un bártulo a la espalda y que por eso se cayó). En resumidas cuentas, que fue exquisitamente atendido y curado por unas gentiles empleadas en una farmacia de la avenida de San Sebastián, frente al Mercado, aunque, naturalmente, tuviera que pagar el material "ad hoc".
Como se ve, en estos mis garbeos mañaneros por Santa Cruz, no sólo se observan obras, sino también conductas y comportamientos, que todo lo tenemos que anotar, si queremos dar una ligera idea de cómo es nuestra ciudad.
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