EL 28 DE FEBRERO DE 1893 se inauguraba la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife con una corrida del diestro Luis Mazantini. A partir de entonces, allí se han vivido no sólo acontecimientos taurinos, sino las más variadas actividades sociales y deportivas. Desde conciertos de música, hasta bailes de magos, luchadas, veladas de boxeo y actuaciones del Carnaval. Sin embargo, hace ya bastante tiempo que sus instalaciones no acogen ningún evento de especial relieve. Incluso su aspecto exterior parece bastante descuidado.
De poco han servido tantas promesas, tantos proyectos, tantas iniciativas. Ahora mismo, el que fuera edificio emblemático de la capital tinerfeña se encuentra sin vida. Casi inactivo, excepto por la presencia de un restaurante y dos bares en sus laterales. ¿Cómo es posible?
El Ayuntamiento debería de adoptar algún tipo de solución para, de común acuerdo con los actuales propietarios, relanzar ese histórico recinto de estilo mudéjar que pronto cumplirá 110 años de existencia. Por ejemplo, quizás una buena opción para salvarlo del abandono sea promoverlo como Bien de Interés Cultural, aunque antes habría que conocer con exactitud los pasos a seguir para lograrlo. El caso es conseguir que no sólo la plaza de toros se mantenga en pie, sino protegerla, restaurarla y darla la utilidad que se siempre se ha merecido.
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