Luis Alberto Hernández quiere pasárselo bien pintando y dar rienda suelta a esos "experimentos" plásticos que pululan por su mente y se convierten en cuadros, sesenta de los cuales se exponen en el Círculo de Bellas Artes.
Él asegura que últimamente intenta "matizar más el color, la forma y el concepto de la obra. Antes era, quizás, más violento, más agrio. La gente me dice que ve una obra más madura, mejor terminada, más matizada y menos chocante; cuando soterradamente es la misma pintura, arañas, monstruitos..., quizás más tapados, pero no dejan de ser lo mismo".
Una de las características que definen la obra de Hernández es que refleja angustia e incomprensión a través de un mundo mágico, kafkiano, poblado de extraños seres en proceso de metamorfosis.
"Soy un tipo muy caótico. ¿Cómo puedo hacer una obra creativa de otra índole, si veo que voy por ahí?; aunque personalmente todos tenemos una vida más serena. Toda la obra gira en torno a lo mismo, siempre hay una coherencia, aunque uno quiera romperla. Cambias y vuelves a retomar lo que has dejado, ya con otro matiz; pero, al final, siempre gira en torno a unas coordenadas que se repiten. Es como un gran círculo", indicó.
Sí es notoria la aparición de más paisajes en sus obras, incluso referencias a las Islas y a sus cielos, muy presentes en su memoria, además de la ciudad, que aparece como fondo de algunos de sus cuadros con personajes, "pero la gente ha salido de ella. Antes eran más interiores, ahora la obra ha salido al exterior, o directamente al paisaje".
Luis Alberto reconoce que ha empezado a abandonar su aislamiento voluntario en el estudio para conectar con la gente que no ve desde hace años y enriquecerse con sus comentarios. "Eso me motiva, me estimula para desarrollar otras cosas. He vuelto a dibujar del natural y me he replanteado temas como que no me importa pasar de un paisaje a un bodegón. En definitiva, hago más lo que me da la gana, trato de evitar que me cataloguen".
La colección que presenta en Santa Cruz refleja que han aumentado los motivos - pretexto que utiliza para pintar, además del color. "Antes eran grises agrios y verdes bastante tristones. Con el paso del tiempo van ganando luminosidad. Me gustan mucho las transparencias. También estoy utilizando la espátula para los fondos. Me interesa mucho la textura de la obra, cómo se pone el color, empastar, darle esa calidad que quieres que tenga tu obra, aterciopelar ciertos matices".
Cuestionado sobre si su obra pretende plantear dudas, asegura que "si pudiera sí las plantearía, pero eso depende de la gente, de sus lecturas. A mi me interesa inquietar y provocar a la gente con mi obra, y si lo puedo hacer me doy por satisfecho. Me da igual que digan que les dan miedo los cuadros, que soy un provocador, un degenerado. Si pudiera, incluso, pondría a mis obras enormes patas de araña para que caminaran", bromea entre risas.
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