HACE UNOS DÍAS, tan pronto me enteré de la "presunta" denuncia de unos curas de Tenerife contra su obispo, Don Felipe Fernández, envié un asombrado e-mail a los responsables de la página web en la que apareció. Me contestaron privadamente, pero no publicaron mi escrito. Claramente se deduce que sólo publican lo que les interesa, lo que conviene a su amarillismo. Mi escrito, no publicado, decía textualmente así:
"Me llamo Juan Hernández García (DNI 42144216), correo electrónico juanpetro*telefonica.net. Soy un seglar, periodista, de la Iglesia de Tenerife.
Creo que así es como hay que escribir las cosas, sobre todo las cosas opinables y gratuitas, como las que dicen ustedes que dijeron "unos curas" de Tenerife.
Porque yo... no me lo creo. No creo que se puedan decir tantas barbaridades de un hombre bueno y un obispo ejemplar y santo como Don Felipe Fernández, y encima decir que eso lo dijeron "unos curas", así, sin más, sin decir si fueron dos o treinta. Ni cómo se llaman, ni de que "neura" padecen...
La Iglesia de Tenerife acaba de salir de un Sínodo, el primero de su historia, convocado por Don Felipe Fernández, en el que todos, absolutamente todos, hemos podido hablar, analizar y programar nuestro futuro. Y ahora vienen ustedes, desde el periodismo más amarillista, con la detestable técnica del rumor, sin concretar, a poner unos absurdos, que sólo pueden sembrar entre nosotros asombro, desconcierto e incredulidad, al decir que "unos curas dijeron".
¿Al servicio de quién están ustedes? ¿De Dios o del demonio? Si es cierto lo de "unos curas", digan sus nombres, que sepamos de ellos con claridad. Ellos hablan, mezclando medios datos con opiniones disparatadas, de un hombre bueno, al que queremos entrañablemente en Tenerife como padre y pastor, y del cual ponen su nombre y apellidos, siendo además un nombre público de alguien que es representativo de nuestra Iglesia. Pues bien: que pongan también el suyo... si es verdad. Para que sepamos cuál es su resentimiento o su "cruzadera de cables". Yo para mí que de aquí, de Tenerife, no son. Si fueran de aquí, y estuviesen cuerdos, dirían que Don Felipe es un hombre de Dios, llano, sencillo, de innata naturalidad al relacionarse con todos, de trato directo, dialogante y receptivo. Que pide opiniones y quiere escuchar incluso sobre aquellas cuestiones que son de su exclusiva responsabilidad. Capaz de callar por humildad, y ya lo ha demostrado, cuando como ahora le atacan de forma irracional.
No, señores, no. Desde mi fe cristiana me niego a aceptar que sea verdad que esto lo han dicho otros cristianos, y mucho menos que esos cristianos sean curas en mi Iglesia. Si eso fuera verdad, me gustaría conocerles para saber cuál es su profunda frustración personal que les hace desvariar. Y para recomendarles, junto a ustedes, algún manual elemental de ética... y el psiquiatra más cercano.
Yo, sencillo seglar de "a pie", con mi obispo. Siempre. Y sé que no me equivoco. Mas... "prefiero equivocarme con mi obispo, que acertar sin él".
Que Dios les perdone el daño que han hecho. Sobre todo, si es que son tan ignorantes "que no saben lo que hacen".
Hasta aquí el escrito que no quisieron publicarme, según me parece, por no encajar en "el juego" de estos señores. De su respuesta privada sólo puedo decirles que me acusan de "matar al mensajero", y me dicen que el número de curas acusadores del obispo es de ocho. No pueden dar sus nombres.
Pero sí pueden liarnos a nosotros, los católicos de Tenerife, con ese juego perverso de que ahora nos miremos unos a otros de reojo, sin saber si esos ocho curas son personas de crédito y prestigio personal o son ocho pobres desgraciaditos que pasean sus frustraciones personales al abrigo de quien les presta crédito y notoriedad. Yo no.
Yo conozco personalmente a Don Felipe Fernández García, y soy testigo, aparte de todo lo que digo en el e-mail de arriba, de la sobriedad de su forma de vivir. Quien crea que la vivienda que habita en el edificio del Obispado es una vivienda palaciega, simplemente que la vea. Es una vivienda sobria, fría, y en algunas dependencias, como la cocina, les puedo asegurar que es verdaderamente escasa.
Don Felipe Fernández García es un hombre del pueblo que tiene en el contacto directo con el pueblo llano y sencillo los momentos que más aprecia de su labor pastoral. Y no hay derecho a que digamos de él las expresiones que presuntamente dicen que dijeron esos ocho curas.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD