LA POSIBILIDAD DE QUE sólo haya una candidatura que se oponga a la eventual de Javier Pérez en las próximas elecciones, es cada vez más real, aunque no modifica sustancialmente el paisaje electoral.
Cabrera está meditando aceptar la propuesta de integrarse en el grupo que lidera Pérez Ascanio. Es probable que su afán por presidir el Tenerife le impida dar un paso que parece casi de sentido común, porque Pérez Ascanio es más rival de lo que parece y ha ganado mucho terreno en estos días. Pero ni siquiera el hecho de que ambas candidaturas decidan ir juntas va a suponer un cambio en el reparto de votos y simpatías, porque la verdadera cuestión de fondo es si Javier Pérez decide o no presentarse.
Si el presidente da el paso, los "desencantados" con su gestión ya tienen claro que apoyarán la opción contraria, sea cual sea. La incógnita que hay que resolver en este tiempo, trabajando a pie de obra, es si entre los votantes hay más "peristas" que "desencantados". Esos son los dos únicos grandes bloques que hay en el tinerfeñismo y de ninguna manera están condicionados por el hecho de que los aspirantes a suceder al presidente vayan solos o acompañados. Es probable incluso que yendo juntos no sumen tantos adeptos como para ganar.
Lo que sí parece definido y duradero es el nacimiento de una oposición organizada.
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