LA IDEA DE ESCRIBIR sobre la figura del "voyeur" me la dio una información, recientemente publicada en este periódico, en la que se asegura que Canarias es uno de los paraísos costeros para la práctica del nudismo. No se habla de nudismo de monte que es el que practican los que no tienen mar a mano, porque Las Mercedes, La Esperanza o los altos de Chío no invitan a quedarse a la intemperie sólo con una pulsera encima, que ahora suele colocarse en el tobillo.El presidente de la Asociación para el Desarrollo del Naturismo de la Comunidad de Madrid, Don Ismael Rodrigo, afirma que en España hay unos 500 lugares, entre playas, calas y centros, donde se pueden encontrar personas en pelota. Y no se cuentan los derriscaderos, que aquí los hay en abundancia y donde, de pronto y sin esperarlo, se presenta un pureta con los cataplines al aire y una turista inglesa casi centenaria sólo cubierta con un horrendo sombrero.Don Ismael explicó que la concepción social del nudismo ha variado en las últimas décadas, que cada vez más españoles de diferentes ámbitos sociales se desnudan en playas, piscinas, cámpings y hoteles. Me parece que Don Ismael exagera un poco, pero algo de cierto hay en sus afirmaciones porque la distancia entre un desnudo y el atuendo playero de muchas féminas es insignificante. Me refiero a esas muchachas que lucen top less, y se cubren - es un decir - el trasero con un simple hilo que casi siempre se les introduce en la hendidura anal y dejan las posaderas tal cual salieron del vientre de su madre, pero un poco más crecidas.Aquí, en la Isla, conozco dos playas nudistas, que yo no sé si están autorizadas pero es evidente que sí permitidas, mediante la vista gorda de las autoridades. Son la de La Tejita, en la costa de Granadilla, y esa que está ahí cerquita de Santa Cruz, que es la de Las Gaviotas. Recuerdo cuando, recién llegada la democracia, había colas en Las Gaviotas para contemplar las muchas féminas en pelotísima, porque aquí se pasó de la represión conventual al extremo opuesto sin hacer antesala. Fue cuando se incrementó extraordinariamente el voyeurismo. En Las Gaviotas vi escenas increíbles en aquellos tiempos. Una muchachita que no llegaba a los veinte años, estaba tendida boca arriba, sin nada encima y con las piernas abiertas. Nada que ocultar y no era la única. Fue la época en que proliferó el cine "X" en toda España. Aquí, en Santa Cruz, el popular y desaparecido Cine Toscal, se volvió sólo "X" y anunciaba títulos como este que no se me ha olvidado: "Caramba con el mayordomo, qué grande tiene el maromo".Luego, el abuso, la reiteración, la libertad excesiva, que pasó a bodrios televisivos como el programa de la señora Gemio, donde un sujeto se chupaba la bota de una individua en una escena masoquista, hicieron que la gente abandonara por sí misma tanta barbaridad asquerosa. Cerraron los cines "X", desaparecieron las películas de cochinadas; pasaron a mejor vida espectáculos de café-teatro de Madrid, donde salían individuos con los atributos al aire entre las mesas y aburrieron a los pobres "voyeurs", muchos de los cuales pasaron al retiro y hoy sólo tienen presencia testimonial, como el Partido Comunista.