- ESPAÑA IRÁ BIEN, y no seré yo la que lo ponga en duda, comentó la dueña de aquel puesto de la Recova, pero el euro va mal. Por lo menos, va mal para mí, que todavía no me aclaro y me parece que cada vez ingresa menos dinero mi caja. - Bueno, es más o menos lo mismo que me sucede a mí, dijo la que compraba unos berros, para hacer un potajito para su Pepe, según dijo; que cambio veinte euros (3.327 pesetas con 72 céntimos) y se me va en nada. Y lo peor es que no me doy cuenta cuando pago, sino cuando mi marido, por la noche, me dice: "A ver cuánto dinero has despilfarrado hoy".
- El secreto está en eso que usted acaba de decir, expresó la del puesto recovero, en esos 72 céntimos que usted ha mencionado. Nadie le da importancia a esos céntimos, y muchos 72 céntimos de esos hacen muchos euros a fin de mes. Y así, lo que eran cien mil pesetas se quedan en setenta mil o algo parecido.
- Bueno, también influye en todo eso, intervino un señor muy bien vestido, que quería comprar dos kilos de kiwis, las propinas. Nosotros, los españoles, somos muy dados a dar y recibir propinas - si no la damos nos miran con malos ojos - y yo tengo una empanada mental con eso de la propina que hay que dar en este nuevo orden del euro que se nos ha impuesto. Porque si das poco, dicen "¡mira el roñoso ese!", y si das demasiado, lo mismo pueden decir de ti: "Este tío es un gañán, todavía no se ha enterado de lo que hay que dar".
Lo que ocurre, pienso yo, es que todavía no le hemos cogido el pulso al euro, no nos hemos mentalizado, y nos sucede como cuando antes íbamos a un país europeo (Inglaterra, Alemania, Bélgica) y poníamos la mano así con las monedas para que el cajero o la cajera cogiera las correspondientes, porque nosotros no sabíamos de qué iba aquello. Todavía yo veo que aquí también con los euros algunas personas, sobre todo mayores, hacen lo mismo: ponen el brazo, como si quisieran que les pusieran una inyección. "Es que de la unidad para abajo, suelen decir, yo todavía no me aclaro".
Y por este motivo hay muchos nostálgicos que cada vez echan más de menos aquellas pesetas tan claras y concretas con las que tan bien nos iba. Vamos, por lo menos a los que les iba bien, los que las ganaban fácilmente y las gastaban con más facilidad todavía.