CUANDO A FINALES del siglo XIX Sabino Arana inventó el Partido Nacionalista Vasco, PNV, no pensaba más que en separar de España a la región vasca. Odiaba a España y a los españoles, a los que no ahorraba insultos. Era una declaración de guerra.
A pesar de tener detrás la financiación de la burguesía bilbaína y bendiciones apostólicas, no acababa de consolidarse. La II República le dio alientos para gestionar un Estatuto que duró poco. Renació su actividad cuando, tras la aprobación de la Ley para la Reforma política, que no fue sino borrón y cuenta nueva, abrió la puerta de la pluralidad política con partidos políticos y sindicato de clase se presentó como demócrata y fingido antifranquista. Así fue hasta que llegó el acuerdo de Estella con la ETA, unificando esfuerzos para obtener la independencia, unos con acciones políticas y los otros con sus pistolas. Pero el tiempo pasaba y el PNV veía decrecer su poder y el gobierno, en tanto que la ETA se robustecía y creaba a su vera un nuevo partido, Batasuna, que, necesariamente tendría que convertirse en rival. De ahí que hoy el PNV repudie, de palabra, a ETA, aunque se oponga a su ilegalidad. El poder de las pistolas es muy convincente. Pero la consecuencia que yo quiero sacar es que los vascos están divididos. Los que aspiran a la independencia y los que la rechazan.
Los partidos políticos, por su propia esencia, separan a los españoles, por eso volvemos a usar el viejo lenguaje de izquierdas y derechas enfrentadas. Tal enfrentamiento desapareció durante cuarenta años y mentiría si dijese que se le echó de menos. Otro tanto pasó con los sindicatos de clase; unificados patronos y obreros en sindicatos que concebían la empresa no como campo de batalla de huelgas y conflictos, sino como obra común de ambos con el capital financiero. Tampoco se los echó de menos, salvo Marcelino Camacho y algún clérigo despistado. Ni huelgas en sentido estricto ni algaradas o motines disfrazados de tales.
Hoy, desgraciadamente, vemos a los españoles enfrentados en partidos, si bien lo cierto es que tienden a desaparecer por obsoletos. Tómese como ejemplo muy significativo lo ocurrido en Francia. Aunque un par de fantasmas del pasado estén asustándonos con antiguallas de una mal llamada huelga general lo pretendiesen, lo evidente es que la pretendida resucitada lucha de clases es impuesta a todos los españoles contra todo derecho por la pasividad del Poder Ejecutivo que se ha dejado chantajear. Pero pase lo que pase, el día del paro va a separar a los españoles. Si los partidos y sindicatos suponen separación y enfrentamientos sólo faltaban los anticlericales. Pues ya lo tenemos en obispos que no están en el cielo, sino en las nubes. Es innegable que han dado lugar a enfrentamientos dolorosos.
La monarquía llamada parlamentaria ha sido convertida en partidaria, obviando a los genuinos representantes del pueblo. Por eso han convertido el llamado conflicto vasco en pugna partidista cuando en realidad es un problema que afecta a España y a los españoles. Todos los que no nos avergonzamos de ser españoles, incluidos muchos vascos, nos sentimos marginados y quisiéramos que nuestras opiniones y deseos democráticos se trataran en pleno donde residen nuestros genuinos representantes y dirigidos por el presidente del Gobierno, olvidando a su partido. Sin olvidar que a ETA y PNV les importa un bledo la democracia española y sus instituciones, incluidos los partidos. Dicen, y es verdad, que son enemigos de España y de los españoles. ¿Es que no los oyen?
El art. 2 de la Constitución habla de la "indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles...". ¿Es que no saben leer?
La independencia supone ruptura y la ruptura es romper algo por la fuerza. Que con seguridad la habría, pues los españoles defenderíamos la unidad. Pretender la independencia es incitar a la violencia para romper la unidad. ¿Es que el intento de atentar contra la Constitución no es un delito? Dicen que en España hay más licenciados en Derecho que en cualquier lugar. ¿De verdad?
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD