CUANDO SE LEE despacio el texto de propuesta de ley, continuamente nos tropezamos con las palabras esfuerzo, contenido, contenido, esfuerzo. Parece ser la solución a todo.
¿Cómo no vamos a estar de acuerdo con el esfuerzo? Es una palabra necesaria, en una sociedad que premia a veces lo contrario. Pero el esfuerzo no es todo. No es una palabra mágica con el que podamos resolver los problemas escolares, es sólo un valor más a impartir. Es algo que podemos, entre familia y escuela, promover en los niños y niñas, aunque si, como especifica el borrador de ley, la familia queda fuera de la escuela... difícil lo veo... Y me temo que será difícil convencer de la necesidad del esfuerzo si no le damos algo de motivación al niño y le implicamos en su propio aprendizaje, tal como especifica la LOGSE, ley que parece condenada a desaparecer. El esfuerzo no aparece por arte de magia cuando aumentamos las dificultades o los obstáculos. La Educación no es una Operación Triunfo, en el que milagrosamente aparecen los resultados positivos cuando les aumentemos las exigencias a los chicos y chicas.
¿Y el esfuerzo de la Administración y de la comunidad educativa? El esfuerzo bien entendido empieza por uno mismo, y debería incluir, por parte del Ministerio, el esfuerzo de diálogo, de puesta de medios. Debemos garantizar el esfuerzo del acercamiento y coordinación entre el profesorado y la familia, el esfuerzo de los mayores para ofrecer a la generación del futuro una enseñanza en condiciones para todos. Pero difícilmente podemos hacer algo la familia si la ley nos sitúa fuera de la escuela, y el profesorado verá muy limitadas sus condiciones, al dejarse el Claustro como un simple órgano consultivo. No hay implicación real si no se forma parte de las decisiones. ¿Esfuerzo de quién?
Y los contenidos, ya es otra cuestión. En el siglo veintiuno creíamos que los contenidos memorísticos, como prioridad educativa, era algo pasado de moda. Al menos es lo que nos planteaban y nos siguen planteando los especialistas educativos de este país. Llevan años diciéndonos, y con razón, que las habilidades, las destrezas, los conocimientos para poder desarrollar los contenidos, la capacidad lectoescritura y de expresión, la madurez, son todos elementos básicos en la enseñanza, tanto para una formación general como universitaria.
La Educación Infantil y Primaria, con la implantación de la LOGSE, ha supuesto un avance muy grande en la calidad educativa, con un sistema metodológico, una atención a la diversidad y renovación de contenidos que fue fruto de las iniciativas de miles de profesores que vieron que era necesario avanzar hacia metodologías más modernas, conforme a las realidades sociales. Cuando el Gobierno nacional promueve su campaña a favor de la nueva ley educativa, habla de Primaria con la boca chiquita, y utiliza como cortina de humo los problemas de Secundaria. Pero la realidad es, si se lee el texto de la propuesta, que la nueva ley es un ataque principalmente a Primaria y a un sistema pedagógico que ya ha demostrado su validez y cuenta con la satisfacción social y educativa, ante los resultados, evidentes para todos los que tienen algo de memoria histórica.
Podemos mencionar en tal sentido muchas cosas graves. El aprendizaje en Infantil y Primaria hasta ahora se ha iniciado alrededor del entorno del niño, para poco a poco construir y desarrollar sus conocimientos. Existía una asignatura llamada Conocimiento del Medio, importantísima para luego poder aportar conocimientos sociales, de la historia, de la naturaleza y la geografía. El niño percibe el aprendizaje de modo global, y no es efectivo que un niño canario aprenda los ríos de la Península si en su escuela no se ha estudiado el barranco al lado de su casa, la importancia de los volcanes y el mar. Si queremos aprender sobre la sociedad y la historia con perspectiva, debemos necesariamente iniciar el aprendizaje con la familia, el barrio, el pueblo en el que el niño vive, en vez de hacer aprender de memoria una lista de reyes y fechas.
El aprendizaje eficaz debe asimismo contar con un análisis inicial de las necesidades del alumnado y la realidad del entorno, con una autonomía para priorizar contenidos específicos según la circunstancia de cada centro. El Proyecto Curricular de cada centro implantado en la LOGSE y que aprueba el Claustro de Profesores, fue una gran mejora pedagógica, que ha permitido avanzar en calidad educativa, ya que no se puede tratar por igual a un centro unitario rural de Anaga, con una población agrícola, que un colegio en una zona urbana con otro tipo de problemas o un colegio en el Sur con problemas graves. La nueva Ley elimina el Proyecto Curricular, imponiendo los mismos contenidos para todos, independientemente de las necesidades de los alumnos.
Nos preocupa también que la evaluación deja de ser global pasando a valorarse cada área o asignatura de modo aislado, con lo que queda evidente que lo que preocupa no es el desarrollo personal del alumno, sino el encajonar conocimientos brutos en sus cerebros. ¿Calidad educativa o desconocimiento pedagógico?
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