HABLAR DE ROSA, es como hablar en Canarias de la República Dominicana, Puerto Rico o Cuba. Una hermana o una vecina a la que queremos mucho, y no nos gustaría que nadie le hiciera daño. Con música de fondo, "la Rosa de los Vientos" - título del disco del grupo musical isleño Mestisay, con canción a Zulema, poema del Pedro Lezcano, dedicado a la esperanza de una niña saharaui por retornar al amor de su patria - . Nuestra Rosa López ha levantado grandes tempestades de sensibilidades, se ha convertido en tema de conversación para millones de españoles. A nuestro entender, Rosa, con una voz increíble, grande, lírica y bonita como la suya, no debería haber aceptado, jamás, cantar una canción con calidad similar a "El patio de mi casa". Inadecuadamente vestida para un festival como el de Eurovisión, debió combinar los colores al vestir para realzar esa belleza morena, de mujer hispana, que posee. Adecuando su vestuario a una Europa en cuyo orden de prioridades es más importante la estética y la imagen de sus artistas que el contenido de sus valores morales y musicales. Más reprochable son, sin embargo, los estribillos machacones, ideados por un compositor algo obsesionado, que debiera haber evitado dar patadas tan fuertes al idioma español, con tantos anglicismos en su canción. Repitiendo hasta la extenuación, en un idioma ajeno al nuestro, que: "Europa vive en una fiesta continua". Como si en Europa no hubiera grandes problemas y avalanchas de inmigrantes sin visados y sin documentación, venidos de todo África, que provocan, en el continente europeo, un estado de incertidumbre y "jaque mate", constante y permanente. Cada año, el Festival de Eurovisión es aprovechado por muchos de los países miembros de la Unión Europea de Radiodifusión para emitir, en tiempo real, imágenes de la capital europea desde la que en ese momento se emite el resultado de la vocación. Pero TVE parece querer siempre jugar a "ser diferente" y hacer las cosas al revés; con una presentadora de pie, en tensión y franqueada detrás por una foto esperpéntica, estática, oscura y lúgubre, de algo que parece al fondo un pirulí. Por lo que se nos hace patente que en el extranjero España, muchas veces, está más interesada en mostrarse como "la casa de los esperpentos", que muy bien inmortalizara Don Ramón del Valle-Inclán - en su obra maestra "Luces de Bohemia" - , que como un país moderno, fresco, humano e imaginativo. Echando siempre las culpas a los demás de nuestras desgracias, sin mirarnos antes en el espejo nuestros errores; ideados, creados y forjados por nosotros mismos.