AL EXCELENTÍSIMO AYUNTAMIENTO de La Laguna. A quien corresponda. Yo, Enrique González y González, médico, natural y vecino de La Laguna, con domicilio en la calle de San Agustín 53, al corriente de los pagos municipales y al amparo de la Libertad de Prensa, con el máximo respeto, expongo: Que viviendo en la calle de San Agustín, parte del llamado casco histórico y núcleo del denominado Patrimonio de la Humanidad, siendo uno de los 1.500 sufridores habitantes - escaso número a tener en cuenta en las elecciones municipales - del privilegiado trayecto procesional de esta ciudad. Que no siendo fumador, ni hipertenso, ni coronario demostrado y conservando perfectamente los eustaquios. Necesitando caminar diariamente, al menos 20 minutos, para evitar el dañino sedentarismo. Y precisando dormir tranquilamente para trabajar al día siguiente en perfectas condiciones, entre otras cosas, para pagar los impuestos. Que precisando, por razón de mi profesión y algún desplazamiento familiar, el uso del autómovil, por lo que pago periódicamente un vado permanente con el número 546, señalizado perfectamente con placa oficial en la pared de mi casa y una raya amarilla en el asfalto de la calle. Y asegurando que mi madre fue una mujer decente. Suplico: Que tengan a bien averiguar el grado de contaminación producido por los innumerables automóviles que transitan por la susodicha calle. Que para evitar daños irreparables en las vías respiratorias se advierta en cada una de las entradas de la Muy Noble y Leal Ciudad un cartel, similar al que se usa para evitar el tabaco, que diga Las Autoridades Sanitarias advierten que La Laguna es dañina para la salud. Y para suavizar, que no evitar, reclamaciones judiciales, que también se pongan grandes carteles, con igual intención pero con letras muy grandes, que diga así: La Laguna Mata. No será la primera vez que una población marque las zonas más expuestas al cáncer de pulmón. En algunas ciudades inglesas, según la localización de las chimeneas de las grandes industrias y la dirección predominante de los vientos, se determinaron las áreas más peligrosas para tan grave enfermedad. Que tenga a bien registrar por peritos en el asunto los decibelios producidos por las máquinas de diesel o gasolina y por las innumerables y estridentes bocinas, con el fin de evitar el aumento de sordos, aunque ello redunde en favor de los establecimientos de acústicos. Que se contrate inmediatamente un agrimensor, que no sea el señor K de El Castillo de Kafka, que no sea de la sección A ignorado por la B, sin pasar por las innumerables secciones de control. Que el agrimensor mida el ancho de la mencionada vía y compruebe, si aparcando automóviles a ambos lados de la calzada, puede pasar libremente una guagua con los espejos desplegados. Que si las medidas no se ajustan a tal fin se hagan varios pisos en la misma calle, uno para aparcar, otro para el paso de los coches y otro para guaguas y jeep. Y que todos los pisos sean insonorizados y con grandes extractores de gases. Que se utilicen policías desmontados, porque los montados en coches y motos aumentan el daño respiratorio y auditivo, y no mejoran la vigilancia. Y que dichos agentes permitan que pueda utilizar mi vado sin que mi madre q.e.p.d. sufra inmerecidos y soeces insultos. Que, como está bien comprobado a lo largo de varios años, sólo se ven las calles despejadas y con policías los días de procesión, se determine que todos los días del año - santoral hay para ello - se procesione un santo diferente. Puede excluirse de tal exigencia los sábados por la tarde, debido, principalmente, al menor tráfico y la salida de los habitantes a lugares alejados de la Muy Noble y Leal Ciudad. Que se me exima de los impuestos municipales. En especial, el de la basura, simplemente, porque recibo más basura de la calle que la que produzco. Y que se me indemnice por daños y perjuicios por vivir en el sufrido e impecable trazado del grandioso y nunca bien elogiado Patrimonio de la Humanidad, mejor llamado por mi gran amigo Alberto como Humonomio de la Humanidad. Bien entendido que, aun concedida la indemnización, no impedirá que a su debido tiempo, si mis bronquios o mis oídos sufrieran daños irreparables, demande al Ayuntamiento de la Muy Noble y Leal Ciudad. Recuérdese que las multinacionales tabaqueras se han visto obligadas a pagar importantes indemnizaciones. Es gracia que espero alcanzar. Les saluda atentamente. Nota: No tengo nada personal contra Ana Oramas. Al contrario, me parece una buena persona y una mujer muy trabajadora. Tiene mucho mérito y gran voluntad. Pero... Pero... los pulmones son los pulmones.